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7.7.08

Argentina:Protesta agraria

EL CONFLICTO AGRARIO A LA ESPERA DE LO QUE DECIDA EL SENADO, TRAS EL APOYO DE QUE LA CÁMARA DE DIPUTADOS AL IMPUESTO A LA EXPORTACIÓN DE SOJA. LOS EMPRESARIOS DEL CAMPO, DECIDIDOS A SEGUIR GOLPEANDO

El Senado argentino comienza a debatir el proyecto de impuestos a las exportaciones ('retenciones') de soja, que se ha convertido en el pulso más difícil que afronta el gobierno de Cristina Fernández . Los dirigentes rurales más intransigentes reiteraron ayer que la protesta continuará contra el incremento de las retenciones, aunque por ahora desistieron de retomar los cortes de ruta.

Centenares productores de soja volverán a desembarcar el martes en el Congreso de Buenos Aires, esta vez con la intención de influir en los senadores. La votación del proyecto en la Cámara de Senadores resultará aún más ardua que en la de los Diputados para el gobierno, pues por lo menos seis legisladores oficialistas ya han adelantado que no van a apoyar la medida. Además, el presidente del Senado y vicepresidente del país, Julio Cobos, se ha cambiado de bando en este contencioso y ha sido virtualmente expulsado del círculo de podre en el gobierno. Pese a los rumores, ayer dijo, para acallarlos que "no voy a renunciar", pese a las críticas que en público y sin tregua le prodigan algunos de los ministros .
Aunque el oficialismo tiene mayoría en el Senado, carece de suficientes legisladores en las comisiones de Agricultura y Presupuesto, como para obtener sin debate y sin sobresaltos un dictamen favorable.

Ajustado triunfo del Gobierno en la Cámara de Diputados

El gobierno consiguió una ajusta victoria el sábado en la Cámara de Diputados por apenas siete votos de diferencia y tras 19 horas de sesión, en cuyo transcurso se produjo una grave ruptura entre los miembros de la bancada oficialista.
El oficialismo sumó 129 votos favorables frente a 122 en contra y dos abstenciones.
"Este es el primer tiempo. El segundo tiempo lo jugamos en el Senado la semana que viene", advirtía el dirigente agrario Eduardo Buzzi tras la decisión en Diputados, quien consideró "un triunfo" haber recibido el respaldo de 122 legisladores.
Tras la aprobación del proyecto, los productores de soja que habían amenazado con volver al lock-out dijeron que esperarán el debate en la Cámara alta para decidir eventuales nuevas protestas.
"De ninguna manera iniciamos un plan de lucha gremial porque están funcionando las instituciones", aseguró Buzzi, aunque admitió que hay "estado de alerta y asambleas de productores" en todo el país.

El proyecto aprobado ratifica el esquema gubernamental de tributos móviles a las exportaciones de soja y cereales, que aumentó de 35% a 47% los aranceles, que se ajustan según el precio internacional de los granos.
El oficialismo aceptó incluir modificaciones que tienden a compensar con reintegros a los pequeños y medianos productores frente a los grandes pooles sojeros.
Así, quienes exporten hasta 300 toneladas al año pagarán 30% de retenciones (impuestos) y hasta 750 toneladas al año, 35%, lo que beneficiará a entre el 85% y 90% de los productores, según el presidente del bloque oficialista, Agustín Rossi.

El proyecto también prevé la creación de un fondo para utilizar parte de la recaudación de las retenciones en la construcción de hospitales, caminos rurales y escuelas.

División en el kirchnerismo

Durante tres semanas de puja parlamentaria, el oficialismo tuvo complicaciones para conciliar posiciones en su propio seno y con sus aliados.
Hubo proyectos disidentes dentro del gubernamental peronismo, en particular entre parlamentarios de provincias de la rica Pampa húmeda, el mayor polo agroindustrial del país, sobre quienes pesaba la mirada de sus eventuales electores.
La aplicación del aumento impositivo por pregorrativa presidencial desencadenó en marzo un inédito conflicto del agro, con un lock-out de productores de cien días que afectó las exportaciones, así como el abasto de insumos y materias primas en Argentina.
En plena rebeldía fiscal, el agro sumó el respaldo de la oposición neoliberal, socialdemócrata y hasta de fuerzas de izquierda, y tuvo el apoyo de descontentos sectores medios urbanos, lo que enrareció el clima político y llevó al gobierno a buscar una ratificación parlamentaria de su medida.
Durante el lock out de cien días, los productores suspendieron la comercialización de granos para exportación en un país que es uno de los principales productores de alimentos del mundo y bloquearon decenas de rutas afectando el abasto de materia primas e insumos en el mercado interno.
Argentina es líder mundial en exportaciones de harinas y aceites de soja, tercero por sus ventas externas de granos de la leguminosa, cuya cosecha actual está valuada en 24.000 millones de dólares, de los cuales el gobierno aspira a recaudar 11.000 millones a través de impuestos.
Qué duro es sentirse minoría en un país de falsas mayorías
Por Raúl A. Montenegro y Mirta Masip (*)


Qué duro es sentirse minoría en un país de falsas mayorías. Qué duro es ver que el gobierno nacional y los ruralistas luchan entre sí cuando son cómplices necesarios del país sojero. Qué duro es ver cacerolas relucientes y llenas de soja RR en el asfalto civilizado de Buenos Aires. Qué duro es ver las cacerolas renegridas y sin tierra de los campesinos de Santiago del Estero.

Qué duro es ver a los estudiantes de universidades argentinas con sus carteles de apoyo a los ruralistas en huelga, como si Monsanto y el Che Guevara pudieran darse la mano. Qué duro es recordar que esas cacerolas relucientes, esos estudiantes movilizados y esas familias temerosas del desabastecimiento no salieron a la calle cuando los terratenientes de este siglo XXI expulsaron a familias y pueblos enteros para plantar su soja maldita.


Qué duro es ver la furia ruralista al amparo de reyes sojeros como el Grupo Grobocopatel. Qué duro es ver el rostro reseco de Doña Juana expulsada, de doña Juana sin tierra, de doña Juana con sus muertos bajo la soja. Qué duro es ver que se cortan las rutas para que China y Europa no dejen de tener soja fresca, y para que Monsanto no deje de vender sus semillas y susagroquímicos.

Qué duro es comprobar, con los dientes apretados, y con el corazón desierto y sin bosques, que nadie habló en nombre de los indígenas expulsados de sus territorios, de sus plantas medicinales, de su cultura y de su tiempo para que la soja y el glifosato sean los nuevos algarrobos y los nuevos duendes del monte.


Qué duro es ver con las manos y tocar con los ojos que nadie habló en nombre de los campesinos echados a topadora limpia, a bastonazos y a decisiones judiciales sin justicia para que ingresen el endosulfán, las promotoras de Basf y las palas mecánicas con aire acondicionado.

Qué duro es saber que nadie habló en nombre del suelo destruido por la soja y por el cóctel de plaguicidas. Qué duro es comprobar quemuchos productores, gobiernos y ciudadanos no saben que los suelos solo son fabricados por los bosques y ambientes nativos, y nunca por los cultivos industriales. Qué duro es saber que para fabricar 2,5 centímetros de suelo en ambientes templados hacen falta de 700 a 1200 años, y que la soja los romperá en mucho menos tiempo.
Qué duro es recordar que el 80% de los bosques nativos ya fue destrozado, y que funcionarios y productores no ven o no quieren ver que la única forma de tener un país más sustentable es conservar al mismo tiempo superficies equivalentes de ambientes naturales y de cultivos diversificados.

Qué duro es observar cómo se extingue el campesino que convivía con el monte, y cómo lo reemplaza una gran empresa agrícola que empieza irónicamente sus actividades destruyendo ese monte. Qué duro es ver que el monocultivo de la soja refleja el monocultivo de cerebros, la ineptitud de los funcionarios públicos y el silencio de la gente buena.
Qué duro es saber que miles de Argentinos están expuestos a las bajas dosis de plaguicidas, y quemiles de personas enferman y mueren para que China y Europa puedan alimentar su ganado con soja. Qué duro es saber que las bajas dosis de glifosato, endosulfán, 2,4 D y otros plaguicidas pueden alterar el sistema hormonal de bebés,niños, adolescentes y adultos, y que no sabemos cuántos de ellos enfermaron y murieron por culpa de las bajas dosis porque el estado no hace estudios epidemiológicos. Qué duro es saber que los bosques y ambientes nativos se desmoronan, que las cuencas hídricas donde se fabrica el agua son invadidas por cultivos, y que Argentina está exportando su genocidio sojero a la Amazonia Boliviana.



Qué duro es comprobar que las cacerolas relucientes son más fáciles de sacar que las topadoras y el monocultivo. Qué duro es comprobar que en nombre de las exportaciones se violan todos los días, impunemente, los derechos de generaciones de Argentinos que todavía no nacieron. Qué duro es ver las imágenes por televisión, los piquetes y las cacerolas mientras las almas sin tierra de los campesinos y los indígenas no tienen imágenes, ni piquetes, ni cacerolas que los defiendan.

Qué duro es comprobar que estas reflexiones escritas a medianoche solo circularán en la casi clandestinidad mientras Monsanto gira sus divisas a Estados Unidos, mientras las topadoras desmontan miles de hectáreas en nuestro chaco semiárido para que rápidamente tengamos 19 millones de hectáreas plantadas con soja, y mientras miles de niños argentinos duermen sin saber que su sangre tiene plaguicidas, y que su país alguna vez tuvo bosques que fabricaban suelo y conservaban agua.

Muy cerca de ellos las cacerolas abolladas vuelven a la cocina.

(*)Raul A. Montenegro, Biólogo, Presidente de FUNAM ,Premio Nobel Alternativo 2004 (RLA-Estocolmo, Suecia). Profesor Titular de BiologiaEvolutiva, Universidad Nacional de Cordoba (Argentina).

-Mirta Masid, Departamento de Historia,Universidad Nacional de Mar del Plata (Argentina).

(Fuentes: ANSA-Latina y AFP)

4.4.08

Argentina:Protesta agraria

No confundir campesinos con terratenientes

Adolfo Pérez Esquivel(*)
Alai-amlatina

El paro agrario en la Argentina desde hace más de 15 días, es utilizado por sectores golpistas para desestabilizar al gobierno y seguir explotando al pueblo con total impunidad.Las retenciones que el gobierno impone a las exportaciones tienen diversas lecturas y contradicciones que han confundido, y generado que los sectores del campo coincidan en la protesta. Es necesario diferenciar si están juntos y revueltos para desestabilizar al gobierno, o tienen la suficiente claridad para diferenciarse en la lucha y reclamos. Hay que diferenciar y saber si están juntos, pero no revueltos y hasta dónde llega estar juntos sin quemarse.Recuerdo esa pequeña historia que dice: “El ladrón corre hacia el Este y el policía corre hacia el Este. Los dos corren hacia el Este pero con intenciones diferentes”.
Los productores agropecuarios nunca tuvieron tantas ganancias como en los últimos años, beneficiándose por la política de cambio y las exportaciones de soja y girasol. Los indicadores son elocuentes y concretos. Sin embargo es necesario hacer un análisis de los costos que esa actividad tiene para el país, su rentabilidad y concentración de la riqueza en pocas manos. Las grandes corporaciones agropecuarias, las transnacionales han destruido, y quemado miles de hectáreas de bosques, apropiándose de grandes extensiones de tierra para plantar soja transgénica. Utilizan agroquímicos altamente contaminantes sin importarles las consecuencias para el medio ambiente y vida de los pobladores.Por otra parte, las contradicciones del gobierno no son pocas, pero hay que reconocer que ha dado algunos pasos importantes hacia la recuperación económica y eso es positivo.


El saqueo a que fue sometido el país durante la crisis de 2001 fue un golpe de Estado económico, sacando al exterior los capitales y llevando al cierre de fábricas, desabastecimiento, aumento del desempleo y pobreza, provocado por capitales financieros y el sistema bancario, que buscaron el vaciamiento del país sin importarles las consecuencias sociales.Sectores de la llamada “clase media, acomodada” salieron estos días en “apoyo al campo” con la cacerola de acero inoxidable y cucharita de plata a apoyar el paro agrario.La falta de memoria, a muchos les ha jugado una mala pasada.

Se olvidaron que la clase media acomodada siempre creyó estar a salvo de la debacle del país. La realidad les demostró que el capital financiero no tiene amigos, tiene intereses y que también fueron víctimas del vaciamiento económico y muchos perdieron sus recursos y ahorros depositados en los bancos. Es necesario hacer memoria y saber porqué hoy nadie se hace responsable de esa situación y lamentablemente la impunidad continúa.

El gobierno tiene que asumir que se equivocó al poner las retenciones por igual y no diferenciar a los pequeños y medianos productores rurales, que son la mayoría, y muchos con serias dificultades en su producción y con sus campos hipotecados; se equivocó al juzgarlos con la misma vara con que mide a las grandes corporaciones y terratenientes que tienen ganancias exorbitantes que sacan del país y que no están dispuesto a la re-distribución de la riqueza.Reitero, estamos frente al cuento del ladrón y el policía, en que los dos corren hacia el Este pero con intenciones diferentes.

La presidenta Cristina Fernández Kirchner pidió que levanten el paro para dialogar y encontrar una salida al conflicto. Es una medida prudente que los productores rurales no pueden dejar pasar. El diálogo es el camino para encontrar soluciones.El gobierno no puede volver a equivocarse y tiene que diferenciar al campesino de los terratenientes.

No hay que permitir ni dejarse arrastrar por los golpistas para que se enfrenten trabajadores contra trabajadoresHay veces en la vida que la enseñanza es dura, pero se aprende. Los campesinos luchan por sus derechos y resisten en la esperanza para alcanzar a vivir con dignidad y recuperar la soberanía nacional, hoy amenazada por los grandes intereses económicos que se niegan a re-distribuir la riqueza.

El gobierno debe tener políticas claras y coherentes entre el decir y el hacer. Hoy están vendiendo el territorio nacional, devastando sus riquezas y empobreciendo al pueblo. Las retenciones son necesarias, no sólo al agro, a las empresas mineras, a las petroleras, para ello es necesario políticas públicas para evitar la explotación irracional y recuperar la soberanía perdida.

Las retenciones deben dirigirse correctamente para construir el país que queremos.Queda un largo camino a recorrer que es necesario asumir entre todos y todas.-
(*)Adolfo Pérez Esquivel es Premio Nobel de la Paz.

No confundir el campo con los campesinos
por Ricardo Natalichio (*)


El conflicto que se vive en Argentina por la rebelión de los productores rurales y que ha sido reproducido en medios de comunicación de todo el mundo, requiere de un análisis profundo. En este país el campo y los campesinos desde hace unos cuantos años no son la misma cosa. Abordaremos el caso de Argentina, pero este es un modelo que se reproduce, en mayor o menor medida, en toda América Latina.
Desde la década del '90, con la presidencia de Carlos Menem, se comenzaron a producir grandes cambios en el sector agropecuario. La sojización del campo, trajo aparejada una fuerte concentración de las tierras más fértiles en manos de los llamados pool de siembra y su consiguiente éxodo de mano de obra excedente hacia las grandes ciudades.
Cientos de miles de familias de campesinos se fueron viendo forzados a abandonar el campo presionados por un nuevo modelo de agricultura, que no necesita agricultores. Los pequeños productores fueron siendo sistemáticamente fagocitados por los pool de siembra y hoy la Argentina toda, es una inmensa plantación de soja, que ya ocupa casi el 70% de la superficie total sembrada.
Desde el gobierno se plantea que la suba en las retenciones a la soja, está pensada como estrategia para desalentar el incremento de este cultivo a lo largo y a lo ancho del país, ya que los extraordinarios precios internacionales obtenidos por el monocultivo de la soja, desalientan la producción de otras siembras como el trigo, el maíz y otros productos agrícolas necesarios para abastecer al mercado interno.


Por otra parte, no olvidemos que los monocultivos incentivan el uso de fertilizantes y agroquímicos altamente contaminantes. Que producen desertificación, contaminación del agua y pérdida de biodiversidad.
Estamos de acuerdo con que las retenciones, así como están planteadas, concentran la riqueza en Buenos Aires. Pero la solución a esto pasa por que el gobierno debe incrementar el gasto nacional en aquellas regiones que lo necesiten, alentando la diversificación de cultivos y apoyando la creación, financiación y el trabajo de las PyMEs y los campesinos, que son los mayores creadores de empleo y productores de alimentos.

Se ha instalado desde los medios de comunicación la falsa premisa de que el campo es el que alimenta y financia al país. Esto es una doble falacia, en todo caso los que proveen de alimentos al país son los campesinos, ya que el campo sólo produce soja para exportar. Y financieramente, los ingresos que genera el campo para el país provienen de las retenciones, que son el motivo de su protesta.
El verdadero problema de fondo es la concentración de la tenencia de la tierra, pero esto por ahora ni se debate. Los alimentos no pueden ser objeto de ganancias ilimitadas. La Biodiversidad es una riqueza de los pueblos y la tenencia de la tierra, debe estar en sus manos.

El futuro de los campesinos, la sustentabilidad de la tierra, la contaminación del agua, la pérdida de diversidad biológica, la desertificación, la soberanía alimentaria; no dependen del porcentaje de las retenciones, sino de un modelo de país.

(*) Artículo publicado en Ambiente y Sociedad, nº 337, 27 de marzo de 2008
http://www.ecoportal.net/

(Fuentes: Vientos del Sur y Mientras Tanto)

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