

Y ahora paso al meollo del presente escrito, es decir, a contarle algunas cosas muy graves, muy graves, muy graves… gravísimas ¡como no! del actual rey de España, Juan Carlos I de Borbón. Más que nada para que tome buena nota de ellas, añadiéndolas en lugar preferente al inventario de presuntos delitos que ya le he remitido y que deberá ser estudiado, cuando a usted le venga bien, por la todavía nonata Comisión de Investigación Borbónica Española (CIBE)

su resolución 380 la ilegalidad de la acción unilateral de Marruecos y el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación).
Repasemos, pues, esos lamentables hechos, próximo a cumplirse su 33 aniversario:20 de octubre de 1975
Juan Carlos de Borbón se hace cargo de la jefatura del Estado español (artículo 11 de la ley Orgánica del Estado). Está muy preocupado por la situación en el Sahara pues tiene muy presente el caso portugués. No quiere que la situación le desborde.
El secretario de Estado norteamericano acepta la mediación solicitada por el nuevo jefe del Estado español, intercede ante Hassan II y en las siguientes horas se pergeña un pacto secreto por el que Juan Carlos se compromete a entregar el Sahara español a Marruecos (vistiendo el muñeco de la rendición con unas amañadas conversaciones políticas en Madrid), a cambio del total apoyo político americano en su próxima andadura como rey de España.
Juan Carlos de Borbón visita las tropas destacadas en El Aaiun en un viaje sorpresa. Está en tratos secretos con los americanos para la entrega del territorio, pero no tiene ningún reparo en escenificar un “teatrillo castrense” con los militares (a los que traicionará en las siguientes horas igual que al pueblo español, a los saharauis y a la propia ONU) echando mano de la extensa parafernalia castrense propia de estos actos: formación solemne, desfile, honor a los muertos, recepción en el Casino Militar… En este centro, en el curso de una bien regada copa de vino español, hasta se permite el lujo de representar el papel de un moderno “Escipión El Africano a la española”, diciéndoles a los oficiales de las tropas allí destacadas: “España no dará un paso atrás, cumplirá todos sus compromisos, respetará el derecho de los saharauis a ser libres” y también, hinchando el pecho y subiendo la barbilla: “No dudéis que vuestro comandante en jefe estará aquí, con todos vosotros, en cuanto suene el primer disparo”
¡La cara de este hombre es de cemento! (Nota del autor)

La Marcha Verde invade la antigua provincia africana española. En virtud del pacto secreto (alta traición) entre Kissinger, Hassan II y el flamante nuevo jefe del Estado español (el viejo se está muriendo en el hospital hecho un guiñapo entre monitores y sondas) los campos de minas de la frontera han sido levantados y los legionarios españoles prudentemente retirados. España hasta se permite la desvergüenza de enviar al ministro de la Presidencia para que gire una visita de cortesía a los campamentos marroquíes. La ONU, incómoda y sin saber de qué va la cosa, urge a Hassan II a retirarse y a respetar la legalidad internacional. España mira para otro lado ¡bastante tiene el principito con asegurar su corona! y el tirano alauí no hace el menor caso.
Declaración de Madrid sobre el Sahara. Se entrega a Marruecos toda la parte norte de la antigua provincia española: 200.000 Kms cuadrados de gran importancia geoestratégica, muy ricos en toda clase de minerales, gas y petróleo (descubierto por petrolíferas yanquis y en reserva estratégica). A Mauritania (que los abandonará enseguida en beneficio de su poderoso vecino del norte) se le transfieren 70.000 Kms cuadrados del sur, los más pobres e improductivos. Las Cortes y el pueblo español no saben nada del asunto. Todo se ha tejido entre bastidores, con la CIA, el departamento de Estado norteamericano y los servicios secretos marroquíes como maestros de una ceremonia bochornosa en la que el príncipe Juan Carlos ha movido sus hilos a través de sus validos y hombres de confianza: Armada, Mondéjar, Torcuato Fernández Miranda… mientras el Gobierno del anonadado Arias Navarro, con Franco moribundo y su porvenir político en el alero, se ha limitado a ejercer de convidado de piedra en la mayor vergüenza política y militar de España en toda su historia. Porque sí, efectivamente, este país, después de su flash imperial, ha padecido en diferentes épocas derrotas sin cuento, descalabros memorables y renuncios espectaculares, pero nunca jamás había traicionado de una forma tan perversa a sus propios ciudadanos (los saharauis lo eran en 1975), se había humillado de tal manera ante un pueblo más débil que él pactando en secreto su rendición, y abandonado cobardemente el campo de batalla sin pegar un solo tiro y después de entregar a su envalentonado enemigo acuartelamientos, armas y bagajes.Vídeo: La Historia de los Borbones,

Este militar es relativamente conocido por expresar opiniones que siempre han resultado extremadamente incómodas para el establishment español. Su carrera, antes de "meterse en líos", se puede decir que era prometedora: veterano de la Guerra de Ifni (1957-58), profesor de Historia Militar y Estrategia en la Escuela de Oficiales de Estado Mayor, Jefe de Movilización en el Estado Mayor durante la Transición, jefe de una brigada de infantería en Zaragoza...
Hasta que en 1989 publicó un libro, titulado España indefensa, en el que abogaba por la profesionalización de las FFAA y la abolición del Servicio Militar Obligatorio. A causa de esto pasó cinco meses en la cárcel de Alcalá de Henares, donde coincidiría con el teniente general Milans del Bosch, uno de los cabecillas (o cabezas de turco) del 23-F; fué en este momento (1990) cuando se le apartó del servicio, poco antes de que fuese ascendido a general (me imagino que por antigüedad en el escalafón).
-El 2001 publicó su obra más famosa, 23-F. El golpe que nunca existió, basado en las notas que tomó mientras conversaba con el general Milans del Bosch en el tiempo que pasó en la cárcel. En esta obra sostuvo que el 23-F fué orquestado por Juan Carlos de Borbón con la colaboración de los generales Armada (antiguo Jefe de la Casa Militar del Rey e íntimo amigo suyo), quién andaba planeando dar un golpe de estado para encauzar en veredas más "moderadas" la política española, y el antes citado general Milans del Bosch, que planeaba por su lado un golpe para "salvar a la Monarquía", aunque significase liquidar la recién nacida democracia española. El objetivo del Borbón, según sostiene Martínez Inglés, era atajar así un "golpe peligroso" que debía tener lugar el 2 de mayo de ese mismo año (1981), organizado este por generales ultraderechistas que se proponían liquidar la propia Monarquía (y al Borbón) y reinstaurar un régimen "ortodoxo". Al ten
iente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina, considerado un verdadero cafre, se le encomendó la misión de ocupar el Congreso de los Diputados al mando de un destacamento de guardias civiles. La cosa acabaría torciéndose, convirtiéndose así en un vodevil. Tejero entró con un grupo de hombres que llevaban un gorro similar al de los toreros (el tricornio, para más señas) dando tiros en el Congreso, empleando un lenguaje soez ("¡Se sienten, coño!") y zaradeando de muy mala manera al general Gutiérrez Mellado, ya anciano y a la sazón Ministro de Defensa, demostrando así ante el extranjero, una vez más, que "Spain is different". Esto, evidentemente, resultó inasumible para Juan Carlos de Borbón, que decidió abandonar a los conspiradores: Armada y Milans del Bosch fueron encarcelados, pero posteriormente indultados (cinco y nueve años pasaron en la cárcel, respectivamente); Tejero (ese personajillo torpe e incompetente) pasó muchos años más en la prisión de Figueres.También tuvo lugar esa misma noche el esperpéntico episodio de la salida de los tanques por las calles de Valencia. Resulta muy ilustrativo saber que los tanques salieron a la manera de un desfile, sin munición y respetando los semáforos. A la vez, llama poderosamente la atención el hecho que el coronel no fuese llevado a los tribunales por publicar todas estas acusaciones.























