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15.12.08

Colombia: Conflicto interno

URIBE TAMBIÉN HA INFLADO LAS CIFRAS DE LOS 'ÉXITOS' DE LAS FUERZAS ARMADAS, TRAS PRESENTAR A CIENTOS DE CIVILES ASESINADOS COMO GUERRILLEROS CAÍDOS EN COMBATE



La Consejería en Derechos Humanos y Desplazamientos (Codhes), una prestigiosa ONG colombiana, acaba de hacer público un estudio analizando las estadísticas del gobierno con respecto a los éxitos recientes de las Fuerzas Armadas en el conflicto. El estudio establece que si bien hubo avances al aplicar la dura política oficial, los datos anunciados oficialmente por gobierno del presidente Álvaro Uribe son muy exagerados. Codhes cuestionó que las estadísticas difundidas por el gobierno respecto a las bajas producidas a las guerrillas“son simplemente no creíbles”.

Álvaro Uribe aún cuenta con un 70% de aprobación popular, y esto se debe a su éxito en alejar a las guerrillas de las ciudades y por asestarles golpes significativos.

Sin embargo, el estudio de Codhes ataca esa base misma, al sugerir que las estadísticas de los enemigos asesinados, capturados o que se han entregado son simplemente no creíbles.
El documento titulado “Los números no suman” recuerda que las cifras gubernamentales aseguran que más de 114.000 miembros de los ejércitos irregulares fueron asesinados, capturados o que se rindieron en los últimos seis años. Pero esas guerrillas, de acuerdo a estimaciones gubernamentales previas, no excedían los 30.000 miembros.
Aún permitiendo el reclutamiento para compensar las bajas en las filas, las cifras de la administración Uribe sugieren que cada día caen muertos ocho miembros de las facciones guerrilleras , algo que no está corroborado por ninguna otra fuente.
Un nuevo escándalo, que se une al reciente de los llamados 'falsos positivos',con pruebas sobradas de que miembros de las fuerzas de seguridad han matado a cientos de civiles anónimos y los han presentado como miembros de los ejércitos ilegales muertos en combate. LOs 'falsos positivos' causaron gran debate y consternación en Colombia.
Evaluación de los derechos humanos


El informe de Codhes coincide con la autoevaluación presentada en Ginebra, Suiza ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas por el vicepresidente colombiano, Francisco Santos
En su presentación, Santos dibujó un panorama idílico: sustancial reducción de los homicidios y los secuestros, gracias a la política de seguridad democrática implantada por el gobierno desde mediados de 2002, reducción de la tasa de homicidios en un 45%, que las masacres han bajado un 77%, que los atentados "terroristas" cayeron un 76% y los secuestros, un 87%. Según este balance, el gobierno también quebró la tendencia ascendente de fenómenos como el desplazamiento forzado de personas; cuando la propia ONU señala a Colombia, con más de tres millones de desplazados internos, entre los países que encabezan esta siniestra estadística.

"El gobierno manipula"

Ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, torturas, detenciones arbitrarias y desplazamientos forzados son algunas de las violaciones enumeradas por las ONGs, que también acusan al Gobierno de obstaculizar a la justicia y no exigir responsabilidades a los grupos paramilitares.
"La seguridad es una condición necesaria para la plena vigencia de los derechos humanos", afirma el texto del Gobierno colombiano en referencia a los logros de su plan de "seguridad democrática" contra las guerrillas de izquierda y los paramilitares de extrema derecha.
El Gobierno habla de "tolerancia cero" con las violaciones de los derechos humanos, pero el millar de ONGs, entre éstas Human Right Watch (HRW) y Amnistía Internacional (AI) -con las que Uribe mantiene frecuentes roces-, señalan que éstas "continúan siendo graves, masivas y sistemáticas", según el informe que enviaron al Alto Comisionado.

El presidente del opositor Polo Democrático Alternativo, Carlos Gaviria, señala que "una de las 'virtudes' del gobierno es la destreza manipuladora. Manipula la imagen, manipula la opinión, manipula las cifras. Por tanto no es sorprendente que presente las cosas de esa manera".

Según Gaviria, el auge del paramilitarismo ha sido la mayor fuente de violación de los derechos humanos. Gaviria, quien fue magistrado de la Corte Constitucional y candidato presidencial en 2006, es muy crítico con la actitud del gobierno frente a los paramilitares.

Iván Cepeda, del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado considera que el desplazamiento forzado "ha crecido exponencialmente en Colombia bajo la administración del presidente Uribe, durante la cual se han desplazado 1,5 millones de personas". También se queja por la "cadena de ejecuciones extrajudiciales que comienzan por desapariciones forzadas, perpetradas por redes del ejército nacional en lo que se ha llamado el escándalo de los falsos positivos".
El investigador toma distancia de las cifras oficiales y añade que "75 defensores de derechos humanos han sido asesinados (en estos seis años) y los sindicalistas siguen siendo perseguidos".

Por su parte, Jorge Rojas, director de la Consejería en Derechos Humanos y Desplazamiento (Codhes), dice que "
la tarea no está siendo bien hecha por parte del gobierno".
"En algunos campos se está retrocediendo y estamos llegando a unos niveles más críticos de violación de los derechos humanos, como en desplazamiento, ejecuciones extrajudiciales y detenciones arbitrarias
.

Los datos no coinciden con los hechos


El Gobierno afirma que los paramilitares desaparecieron después de que unos 32.000 miembros de la Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), entregaran las armas tras una negociación que les concedió una amplia rebaja de penas a cambio de confesar sus crímenes, incluidos los de lesa humanidad.
"El paramilitarismo no ha sido desmantelado", replican las ONGs, que enfatizan los "nexos" entre paramilitares y políticos. Hasta julio de 2008, más de 60 congresistas, la mayoría partidarios de Uribe, eran investigados por la justicia, en el marco del proceso de la "parapolítica".
Las ONGs también subrayan el aumento desde 2002 de las ejecuciones extrajudiciales atribuidas a la fuerza pública.
En ese período "13.634 personas perdieron la vida por fuera de combate a causa de la violencia sociopolítica" en Colombia, de los cuales el 75,4% (8.049 casos) son "responsabilidad de Estado", subrayan.
Se trata principalmente de campesinos, líderes comunitarios, indígenas, trabajadores y dirigentes sindicales.
"El Gobierno habla de homicidios y secuestros y no de violaciones a los derechos humanos", lamenta Isabelle Heyer, portavoz de la Comisión Colombiana de Juristas , para quien el "punto débil" del informe gubernamental es "no dar cifras" sobre ejecuciones extrajudiciales.
En Colombia persisten "problemas estructurales como la impunidad y las limitaciones para el acceso a la justicia, la desigualdad y la discriminación", señala la oficina de la Alta Comisionada de la ONU, Navi Pillay, la jueza sudafricana que asumió en septiembre y cuyo primer viaje fue a Colombia.
Burkina Faso, Bahrein e Italia serán los países de la 'troika' encargados de elaborar un informe tras la autoevaluación del Vicepresidente Santos y los informes de las Ong's. Se conocerá el 15 de diciembre.

(Fuentes: BBC-Mundo, ABN-Venezuela y AFP)

31.3.08

Colombia:Ejecuciones extrajudiciales

EL EJÉRCITO ASESINA HABITUALMENTE CAMPESINOS Y VISTE LOS CADÁVERES DE GUERRILLEROS. EN LOS ÚLTIMOS CINCO AÑOS LOS 'FALSOS POSITIVOS' DETECTADOS SON AL MENOS MIL

Miles de campesinos colombianos han sido asesinados por el Ejército para hacerlos pasar por guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), según lo publicado por el diario Washington Post en un informe enviado por su corresponsal en Bogotá.
Cerca de un millar de campesinos fueron asesinados por los militares colombianos en los últimos cinco años, reveló el Washington Post, que cita informes de grupos de derechos humanos y testimonios de familias de las víctimas.
En el informe, los testimonios de familias campesinas o de bajos recursos afirmaron que vieron en fotos los cadáveres de sus familiares desaparecidos vestidos con la indumentaria de camuflaje que porta la guerrilla.
Según varias organizaciones humanitarias citadas por el diario, desde mediados de 2002 hasta mediados de 2007, unos 955 civiles han sido asesinados y clasificados como guerrilleros caídos en combate.
Estas cifras suponen un incremento del 65 por ciento sobre las cifras registradas en los cinco años anteriores.
Este incremento coincide con la ofensiva que inició el Gobierno del presidente de Colombia, Álvaro Uribe, hace seis años contra la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y que ha sido financiada en parte por los Estados Unidos.
El diario señaló que el aumento de la presión que sufren los militares colombianos para acabar con la guerrilla ha provocado un aumento en la muerte de campesinos pobres, a los que hacen pasar como guerrilleros.
El diario también destacó el gran incremento en la dotación de las fuerzas armadas colombianas, que han crecido hasta alcanzar los 270.000 miembros, la segunda más grande de América Latina.
"Antes lo veíamos (estos asesinatos) como algo aislado, como si se tratara de una patrulla militar que ha perdido el control, pero ahora vemos que es algo sistemático", declaró al diario norteamericano Bayron Gongora, de la organización Libertad Judicial, que representa en Medellín a familiares de 110 asesinados en estas circunstancias.
El diario narró que el ejercito suele abrir investigaciones sobre estos asesinatos, pero cuando se convierte en un caso criminal, pasa a los juzgados ordinarios.
Pero las organizaciones de derechos humanos denunciaron que cuando los casos llegan a los juzgados, las pruebas son manipuladas, y en muchas ocasiones los jueces sufren presiones de los militares para dictaminar a su favor.


El gobierno colombiano lo niega casi todo

El presidente Álvaro Uribe Vélez se ha defendido a sí mismo de las acusaciones y afirma que estas son parte de una campaña internacional diseñada para desacreditar las fuerzas armadas.
Sin embargo, el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, reconoce muertes de civiles y ha tomado una serie de pasos que incluyen nuevas normas de combate, asignación de inspectores a las unidades de combate para aconsejar a los comandantes en el uso de la fuerza y mejorar el entrenamiento en derechos humanos de los soldados, dice el Post.
El ministro del Interior y Justicia, Carlos Holguín Sardi, acusó a organizaciones no gubernamentales (ONG) de mentir al diario The Washington Post. "De eso siempre se ha hablado. Cuando muere un guerrillero salen a decir que se trataba de un santo barón, que era un trabajador o un campesino pero en realidad son historias repetitivas", manifestó el ministro a Caracol Radio.El ministro Holguín se refirió a casos de muertos en el departamento colombiano de Córdoba y aseguró que las víctimas son parte de los enfrentamientos de narcotraficantes que se disputan el control de una zona de cultivos ilícitos
El diario norteamericano asegura que "bajo la presión de los comandantes militares para registrar muertes en combate, el Ejército ha estado asesinando cada vez más en años recientes a pobres campesinos y haciéndolos pasar por guerrilleros muertos en combate", según grupos de derechos humanos y organismos de control de Colombia.

"Bajo la presión de los comandantes militares para registrar muertes en combate, el Ejército ha estado asesinando cada vez más en años recientes a pobres campesinos y haciéndolos pasar por guerrilleros muertos en combate, aseguran grupos de derechos humanos y organismos de control de Colombia", escribe el Washington Post.
Esta táctica habría desencadenado un feroz debate dentro del Ministerio de Defensa colombiano entre los generales tradicionales que están a favor de una agresiva campaña que se centre en el recuento de cuerpos y los reformistas que dicen que el Ejército necesita desarrollar otros criterios para medir el éxito en el campo de batalla, según afirma el artículo.
"Los asesinatos, llevados a cabo por unidades bajo las órdenes de comandantes regionales, siempre han sido un problema en el oscuro conflicto que ya cumple 44 años", agrega el Washington Post.
Pero con la reciente desmovilización de miles de combatientes paramilitares, muchos de los cuales operaban en escuadrones de la muerte para eliminar rebeldes, los asesinatos de civiles a manos del Ejército han crecido marcadamente desde el 2004, de acuerdo con grupos de derechos humanos, investigadores de las Naciones Unidas y la agencias del mismo Gobierno, citados por el periódico.
El aumento ha venido durante el proceso de fortalecimiento militar que han visto duplicar hasta en 270.000 efectivos su pie de fuerza durante los últimos seis años, lo que lo ha convertido en el segundo más grande América Latina.
"Hay variados recuentos del número de ejecuciones extrajudiciales, como son llamadas las muertes de civiles. Pero un informe de una coalición de 187 grupos de humanitarios dijo que 955 civiles fueron matados entre mediados del 2002 y el 2007 y clasificados como guerrilleros caídos en combate, un 60 por ciento más que los cinco años anteriores, cuando 577 fueron reportados como muertos por las tropas", publica el diario.

La tendencia -según el Post- ha provocado la preocupación entre algunos miembros del Congreso de Estados Unidos. El senador Patrick J. Leathy (demócrata), que preside el subcomité del senado de apropiaciones para operaciones en el extranjero, dijo que está reteniendo 23 millones de dólares en ayuda militar hasta que vea progresos en la lucha contra la impunidad y la violencia patrocinada por el Estado.
"Hemos tenido en seis años 5.000 millones de dólares para ayuda. La mitad de ella ha ido a los militares colombianos, y encontramos que el ejército está matando más civiles, no menos. Por todas las cuentas, todos los conteos independientes, encontramos que los civiles son tomados, ejecutados y vestidos con uniformes de forma tal que pueden reclamar los cuerpos como guerrilleros muertos", dijo al Post.
La oficina del Fiscal General dijo que más de 200 miembros de las Fuerzas Armadas han sido detenidos mientras los fiscales investigan su participación en los asesinatos de civiles, con 13 condenados el año pasado.
"He dicho esto claramente: el soldado que comete un crimen llega a ser un criminal, y debe ser tratado como tal", dijo Santos, ministro de Defensa.
Santos también ha dicho, en discursos y directivas, que las fuerzas antiguerrilla deberían estar más enfocadas en generar deserciones que en acumular muertos en combate, el método tradicional de medir el éxito. "He dicho a todos mis soldados y policías que prefiero una guerrilla desmovilizada, o capturada, que a una guerrilla muerta", dijo Santos al Post.
Pero no opinan igual los generales: "
¿Cuál es resultado de las ofensivas? Combate. Si hay combate, hay muertos en combate", dice el comandante general de las Fuerzas Armadas, Mario Montoya, en una entrevista citada por el Post.
Militares igual que paramilitares

Los grupos de derechos humanos -según el Washington Post- ven una tendencia perturbadora, diciendo que las tácticas usadas por algunas unidades militares son similares a aquellas utilizadas por escuadrones de la muerte para aterrorizar civiles. Un alto investigador de las Naciones Unidas dijo que algunas unidades militares portan 'kits' que incluyen granadas y pistolas que pueden ser plantadas cerca de los cuerpos.
"El método de matar gente percibida como colaboradores de la guerrilla es todavía vista como legítima por muchos miembros del ejército", dice Lisa Haugaard, directora de Latin America Working Group, una coalición de grupos humanitarios con sede en Washington.
Después de entrevistar a un número de familiares de víctimas, determinó que en muchos de los casos soldados "parecían estar en misiones, no accidentalmente deteniendo y matando gente".


Los campesinos pobres, principales víctimas del terrorismo de estado

El vendedor ambulante Israel Rodríguez salió a pescar el mes pasado y nunca volvió. Dos días después, su familia encontró su cuerpo enterrado, envuelto en una bolsa de plástico, y clasificado por el ejército colombiano como un guerrillero muerto en combate.
Activistas de derechos humanos dicen que la muerte del 17 de febrero es parte de un mortífero fenómeno llamado "falsos positivos" en el que las fuerzas armadas asesinan a civiles, normalmente campesinos o jóvenes desempleados y los clasifican como guerrilleros de izquierda.

Un macabro aspecto de un aumento general de las ‘ejecuciones extrajudiciales’ cometidas por las fuerzas armadas, los ‘falsos positivos’ son el resultado de la intensa presión de parte de Estados Unidos para que Colombia muestre progresos contra los insurgentes de izquierda, dicen los activistas.
La hermana de Rodríguez, Adelaida, dice que Israel había servido tres años en el ejército y no era guerrillero ni simpatizaba con la guerrilla. "Nunca le hizo ningún problema a nadie", dice, agregando que creía que el ejército mató a su hermano para "ganar puntos".

Adelaida Rodríguez dice que pese a las iniciativas del gobierno, ella y su familia no querían insistir en que se investigara su homicidio. Refiriéndose a su hermano, dice: "Si hacemos ruido, terminaremos como él".
Estos asesinatos han sembrado el terror aquí en el departamento central de Meta. El año pasado, este departamento tuvo el récord en Colombia en casos documentados de ejecuciones extrajudiciales, con 287 civiles asesinados por los militares, de acuerdo a la Comisión Colombiana de Juristas, un grupo de defensa de los derechos humanos. Eso es un diez por ciento de aumento con respecto al año anterior.
Aunque no hay cifras oficiales -ni independientes- de los ‘falsos positivos’, activistas de derechos humanos dicen que creen que esos incidentes están aumentando, junto con un aumento general de los asesinatos cometidos por militares, basándose en informaciones proporcionadas por las familias de las víctimas y el análisis de las circunstancias que rodean los casos individuales.
"Es probable, porque se repite el mismo esquema una y otra vez en los casos que estoy revisando", dice John Lindsay-Poland, de Fellowship of Reconciliation, de Nueva York. "Víctimas vistas por última vez con ropas civiles, son encontradas más tarde muertas y vestidas con uniformes de camuflaje y presentadas como bajas de la guerrilla".
Los asesinatos han aumentado en los últimos años junto con un énfasis en las bajas mortales de rebeldes como el principal indicador del éxito militar, dicen grupos de derechos humanos. Incluso funcionarios colombianos reconocen que los soldados y sus comandantes han estado prometiendo dinero y ascensos para aumentar el número de víctimas de sus unidades.
Desde que asumiera el presidente Álvaro Uribe en 2002, las fuerzas armadas han producido impresionantes resultados en la recuperación de territorios controlados por grupos rebeldes y mejorado la situación de seguridad, animadas por los miles de millones de dólares en ayuda militar norteamericana bajo el Plan Colombia, el programa que combate el tráfico de drogas y el terrorismo.
Pero al mismo tiempo el historial de las fuerzas armadas en cuanto al respeto a los derechos humanos ha empeorado, dice una coalición de grupos colombianos y organizaciones internacionales de derechos humanos.
Y nuevas investigaciones de dos grupos pacifistas norteamericanos sobre los asesinatos plantea serias interrogantes sobre si Estados Unidos está haciendo lo suficiente, legalmente, para prohibir el financiamiento norteamericano de unidades militares colombianas que han sido acusadas de homicidios y otras violaciones a los derechos humanos.
Amnistía Internacional de Estados Unidos y la Fellowship of Reconciliation han descubierto que el gobierno norteamericano "autorizó" o aprobó la ayuda militar a al menos once unidades militares colombianas el año pasado pese a "acusaciones verosímiles de asesinatos, desapariciones y colaboración con las fuerzas paramilitares ilegales", dijo Renata Rendon, de Amnistía Internacional de Estados Unidos, este mes en Washington.
"Lo que está pasando es escandaloso. El gobierno norteamericano debe cerciorarse de que no está entregando ayuda a unidades renegadas", dijo Rendon.
Aunque no respondió específicamente a ninguna de las acusaciones, un funcionario de la embajada norteamericana en Bogotá dijo este mes que los asesinatos de civiles cometidos por las fuerzas armadas colombianas eran "un problema grave, una preocupación grave".

Para abordar el tema de la impunidad, el fiscal general de Colombia formó el año pasado equipos de investigación especial en los departamentos de Meta y Antioquia, que tenían las cifras más altas de abusos cometidos por los militares. En noviembre, el ministro de Defensa Juan Manuel Santos envió una directriz a los comandantes militares ordenando importantes cambios, incluyendo otorgar a las cortes civiles más jurisdicción para la investigación de ese tipo de incidentes.

Pero los asesinatos aun siembran el terror aquí en el estado de Meta. Ramiro Orjuela Aguilar, un abogado bogotano de derechos humanos que representa a veinte familias de posibles víctimas de ‘falsos positivos’ en Meta, responsabiliza de muchos de los asesinatos al hecho de que los militares utilizan los datos de informantes pagados o guerrilleros desmovilizados. "Tienen un incentivo para denunciar a gente acusándolas de ser rebeldes debido a que son pagados independientemente de si la información es correcta", dijo Orjuela.
Varias de las víctimas en Meta el año pasado eran jóvenes que vivían en Granada y alrededores, el centro de una región agrícola-ganadera que ha sido ferozmente disputada en los últimos años por las guerrillas , las fuerzas armadas y los paramilitares. Es también la sede de la Brigada Móvil 12, una unidad que según Orjuela está implicada en muchos de los asesinatos.
Orjuela dice que el ejército está implementando una ‘limpieza social’ en Meta, la sede de cuatro de las cinco municipalidades que componen la llamada zona neutral ocupada por las guerrillas colombianas entre 1998 y 2002. Los asesinatos y desplazamientos masivos de los habitantes aquí son intentos de privar de simpatizantes a las guerrillas, dice Orjuela. "Están tratando de quitar el agua a los peces", añade.

Orjuela dice que los casos de ‘falsos positivos’ disminuyeron después de que el ejército colombiano emitiera en noviembre una directriz a todos los comandantes ordenando que oficiales y tropas debían recordar que las mediciones normales de éxito son los desmovilizaciones y la captura de guerrilleros, y sólo después el número de víctimas. Pero dijo que últimamente había observado un aumento, mencionando el asesinato de Rodríguez.

Las ONGs exigen a Uribe que frene los asesinatos

Las recientes declaraciones de un asesor cercano al Presidente de Colombia Álvaro Uribe contribuyeron a crear “un clima de intolerancia política que fomenta la violencia” poco antes de desatarse una ola de asesinatos, ataques y amenazas contra sindicalistas y activistas de derechos humanos, afirma un grupo de 22 organizaciones internacionales de derechos humanos en una carta enviada a Uribe.
Cuatro sindicalistas colombianos –algunos de los cuales participaron en una marcha el 6 de marzo en contra de violaciones de derechos humanos por parte del estado y de grupos paramilitares– fueron asesinados entre el 4 y el 11 de marzo. Miembros de organizaciones de derechos humanos han sido objeto en las últimas semanas de ataques físicos, hostigamientos, ingresos forzados a oficinas y robos de documentos.
Más de dos docenas de organizaciones y personas han recibido amenazas de muerte firmadas por supuestos grupos paramilitares operando en la capital, Bogotá. Poco antes de los ataques, el asesor presidencial José Obdulio Gaviria hizo una serie de declaraciones difundidas por radio a nivel nacional, vinculando al reconocido representante de víctimas, Iván Cepeda, y a otros organizadores de la marcha del 6 de marzo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
El 11 de febrero, un día después de las primeras declaraciones de José Obdulio Gaviria, las supuestamente desmovilizadas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) divulgaron una declaración haciendo eco a las imputaciones de Gaviria. “Comentarios sin fundamentos como éste dañan profundamente a la democracia y a los derechos humanos en Colombia, y ponen a todos aquellos contra quienes están dirigidos en peligro directo de ser víctimas de violencia”, señaló la coalición de ONGs en la carta dirigida al Presidente Uribe. “Estas declaraciones estigmatizan el trabajo legítimo de miles de defensores de los derechos humanos, sindicalistas y víctimas, y pueden tener un efecto paralizante sobre el ejercicio de los derechos a la libertad de expresión y la libertad de asociación”. La coalición de ONGs instó al Presidente Uribe a:
Repudiar públicamente las declaraciones de Gaviria y otros que han vinculado a los organizadores de la marcha con las guerrillas;
Rechazar la reciente ola de ataques y reafirmar el apoyo de su gobierno a la protección del trabajo legítimo de los sindicalistas y defensores de derechos humanos;
Garantizar una investigación pronta e imparcial de cada uno de los ataques recientes, juzgar a los responsables, y emprender acciones decisivas para desmantelar los grupos paramilitares y romper sus vínculos con funcionarios gubernamentales.

La carta, de la cual se envió también una copia al gobierno de Estados Unidos, señalaba que “esta serie de amenazas y ataques pone directamente en duda la efectividad del proceso de desmovilización de los paramilitares”. Precisamente en estos días el gobierno Bush presiona al Congreso estadounidense para que ratifique el Tratado de Libre Comercio con Colombia. “En el debate sobre el Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos, el Presidente Uribe ha sostenido en reiteradas ocasiones que él protege los derechos de los trabajadores”, dicen las ONGs. “Pero que el Presidente Uribe haya permitido que su asesor presidencial continúe con sus acusaciones, incluso mientras sindicalistas y defensores de humanos son asesinados y amenazados, sugiere una verdadera desconexión entre el discurso de Uribe y sus acciones”.
La carta está firmada por Human Rights First, Human Rights Watch, Amnistía Internacional EEUU, Refugees International, Lutheran World Relief, Mercy Corps, Robert F. Kennedy Memorial Center for Human Rights o el Colombia Human Rights Committee, entre otras organizaciones.
Colombia es el buque insignia de la intervención norteamericana en Sudamérica
Por Javier Sáenz Munilla (*)

Un insigne y esforzado sacerdote colombiano, destacado defensor de los derechos humanos, de visita reciente a Madrid, decía que si algo bueno había tenido la agresión militar de Colombia al Ecuador, es que había sacado a la superficie todo lo cuanto ocurría por debajo. El episodio que acabó con las vidas de los miembros de una Comisión de la guerrilla de las FARC, encabezada por Raúl Reyes y, de paso, de varios universitarios mexicanos y de un civil ecuatoriano que nada tenían que ver en el conflicto, además de poner en un brete el inestable equilibrio de la región Andina, ha dejado al descubierto, como apuntaba el sacerdote, que el llamado Plan Colombia –hoy rebautizado como Plan Patriota- no se limita al territorio estrictamente colombiano. Que el conflicto, cuya existencia misma tanto niega el presidente Álvaro Uribe, además de existir, es un polvorín que puede hacer estallar, como mínimo, todo el Norte de Sudamérica. Que los Estados Unidos, por mucho que estén bien enfrascados en sus guerras particulares de Iraq y Afganistán, no se olvidan ni un segundo de sus intereses en el traspatio del patio trasero y que no están dispuestos a que nadie, ni desde París ni, mucho menos, desde Quito o Caracas, ose plantear en él propuestas que no cuenten con el marchamo imperial.

La agresión militar lanzada desde Colombia contra el territorio ecuatoriano es, en primer lugar, una advertencia a Ecuador. Una advertencia, claro está, de los Estados Unidos, directamente relacionada con la decisión del presidente ecuatoriano Raf
ael Correa de sacar a las tropas norteamericanas de la base aéreo naval de Manta, vital para el control por Washington de la región Andina. Correa dijo al poco de llegar al poder, que el contrato de Manta, que caduca en 2009, no se va a renovar. Y no lo dijo en vano, ni para hacer un quiebro y forzar mejores condiciones en una hipotética negociación. Lo dijo para reafirmar un punto importante de su programa electoral y de la coalición que le llevó hasta la Presidencia, en la que se incluye al arraigado movimiento nacional contra las bases. Y la desaparición de las bases extranjeras está, también, en la Constitución que elabora la Asamblea Constituyente.

Lógicamente la llamada Operación Fénix, el ataque en el que fue asesinado Raúl Reyes, no se preparó en un santiamén, como pretendió colar el mentiroso Uribe en su primera explicación pública. Pudieron acelerarse sus movimientos, pero el Plan, para meter aviones y helicópteros en el Ecuador, después de lanzar un misil a 1.800 metros y en un punto determinado del lado ecuatoriano de la frontera o para hacerlo en cualquier otro punto, era parte de la planificada intervención en la región que, con la excusa de Reyes o con otra cualquiera, diseñan y actualizan de forma permanente los estrategas estadounidenses. Desde la base de Manta, en territorio ecuatoriano o desde Tres Esquinas, en el Caquetá colombiano, y seguramente desde el propio Bogotá. No en vano, Colombia se ha convertido en el buque insignia de la intervención norteamericana en Sudamérica, gracias al vasallaje al que se somete con gusto el presidente Uribe, al frente del histórico proyecto paramilitar al que nunca ha renunciado la gran burguesía de Colombia. De hecho, además, ese proyecto paramilitar, que sigue campando a sus anchas en el territorio colombiano –no sin planes expansionistas allende las fronteras- necesita como la tierra a la lluvia, de la aquiescencia y el apoyo de los gringos.

No parece, pues, una casualidad que el almirante Joseph Nimmich, director de la Fuerza de Tarea Conjunta del Comando Sur de los Estados Unidos, se trasladara a Colombia para reunirse en Bogotá el 28 de febrero, el mismo día que iba a comenzar la Operación Fénix, con el Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos y con el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Militares de Colombia, almirante David René Moreno.

Con su golpe, ejecutado en apariencia por tropas colombianas, aunque planificado por el Pentágono y sus “contratistas” sobre el terreno -Dyncorp & CIA, entre otros-, Washington y el pequeño Uribe han querido también zanjar, de un plumazo, el camino iniciado por las FARC e impulsado por Hugo Chávez, hacia la búsqueda de una salida negociada del conflicto, esta vez con implicación internacional. En este proyecto se estaban ya alineando en el ámbito latinoamericano, además de Ecuador y Venezuela, sustancialmente Brasil y la Argentina. Y en Europa, Francia y Suiza, en razón de su papel mediador por el Acuerdo Humanitario. La Francia de Sarkozy –en busca de la libertad para Ingrid Betancourt- utilizaba ya a sus diplomáticos de forma muy activa. Así vimos cómo tres enviados franceses en la zona, que iban a entrevistarse con Raúl Reyes el mismo día de su asesinato en el campamento bombardeado, suspendieron la cita al ser avisados por el Gobierno de Bogotá del peligro que corrían. Y París parecía dispuesto a estudiar y plantear en la Unión Europea la petición de Chávez para que se considerara a los grupos guerrilleros colombianos como ‘parte beligerante’ en el conflicto y no ‘grupos terroristas’. Era el primer paso para dar un reconocimiento internacional al conflicto y, a partir de ahí, plantear su humanización, mediante la exigencia de la aplicación de los Acuerdos de Ginebra, para acabar instalando una mesa negociadora con veeduría internacional. Estados Unidos –ya se sabía- no estaba dispuesto a consentir esa ‘intromisión’ en su patio y –ya hemos visto- lo dijo de la forma más clara y contundente; como suele hacerlo.

En este sentido, es de entender que Insulza, el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), saltara como un resorte para decir que no veía factible la propuesta de Correa para que una fuerza multinacional vigilara la frontera común entre Colombia y Ecuador. Eso Washington no lo va a consentir nunca.

Washington utiliza, ahora de forma casi pública, el conflicto de Colombia, para defender su poder hegemónico en la Región Andina, que ve peligrar, en primer lugar con la consolidación del proyecto bolivariano en Venezuela y con los gobiernos de Evo Morales en Bolivia y de Rafael Correa en Ecuador. Así es que, el ataque contra el campamento fariano es un atisbo de ‘Guerra Preventiva’, una advertencia a todos esos gobiernos. Y la declaración de Bush de que está con Uribe, una proclama guerrerista en
toda regla, con el aderezo ultra que el tejano no quiere ni sabe evitar, al añadir que los suramericanos tienen que optar entre estar ‘con el terrorismo y la demagogia’, o sea con Chávez y las FARC o ‘con la libertad’, representada al parecer por Álvaro Uribe.

Aunque, tras la visita a la zona del ataque de la comisión de la OEA y la aparente firma de la paz escenificada por los presidentes en Santo Domingo y por los cancilleres en Washington pueda inducir a creerlo, la fase de guerra abierta iniciada con la agresión contra Ecuador y el asesinato de Reyes y sus compañeros no ha sido clausurada. El ‘poderoso amo del Norte’ sigue en sus trece y no va a parar.

En su reciente gira la Secretaria de Estado Condoleezza Rice trató de ganarse al presidente Lula da Silva para que aceptara una ‘flexibilización de fronteras’ a fin de que se pueda ‘combatir a la guerilla más allá de los límites territoriales colombianos’. Se lo planteó a Lula, que lo rechazó y sondeó también a Michelle Bachelet, la presidenta de Chile, porque Estados Unidos quería que la OEA aprobara tal exabrupto jurídico, que anularía el artículo 21 de la Carta de la organización, uno de sus principios básicos, para dar carácter legal a las agresiones que, como en Ecuador, está dispuesto a seguir cometiendo quizás, en una próxima ocasión, contra Venezuela.

(*)Este artículo se publica en el número de abril de Mundo Obrero

(Fuentes: EFE-El Universal-Caracas, El Tiempo-Bogotá, Los Ángeles Times, y HRW-Human Rights Watch)

7.2.08

Colombia: Conflicto interno

MARCHA EL 6 DE MARZO CONTRA LOS PARAMILITARES, LOS 'PARAPOLÍTICOS', LOS CRÍMENES DE ESTADO Y LA IMPUNIDAD


aEl uribismo lanza la campaña por la segunda reelección, al calor del éxito de las marchas contra las FARC

El Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado en Colombia ha convocado una marcha para el 6 de marzo en Bogotá "contra los grupos paramilitares, los parapolíticos y los agentes estatales" vinculados a violaciones de derechos humanos. El comunicado de la organización señala que el objetivo de la misma es exigir el fin de los crímenes de paramilitares, el desmantelamiento definitivo de sus estructuras no desmovilizadas y el cese de ejecuciones extrajudiciales a manos de la Fuerza Pública.
El organismo asegura que "desde 2002 hasta hoy, miembros del Ejército Nacional han cometido más de 950 ejecuciones y solo en enero de 2008, los paramilitares cometieron 2 masacres, 9 desapariciones forzadas, 8 homicidios, y el Ejército ha cometido 16 ejecuciones extrajudiciales".

Además, informa que en "Colombia han sido desplazadas cerca de cuatro millones de personas, en su mayoría por los grupos paramilitares. Estos grupos, solos o en conjunto con miembros de las fuerzas militares, han desaparecido al menos a 15 mil compatriotas".
El movimiento nacional explica también que "entre 1982 y 2005 los paramilitares perpetraron más de 3.500 masacres, y robaron más de seis millones de hectáreas de tierra". Y desde 2002, cuando fueron oficialmente "desmovilizados", mataron alrededor de 600 personas por año. Hoy, los paramilitares, controlan el 35% del Parlamento. El comunicado añade que la organización rechaza "todas las formas de crímenes contra la humanidad", al tiempo que denuncia "la sistemática violación de derechos humanos por parte de agentes del Estado y de la estrategia paramilitar" y "las infracciones al derecho internacional humanitario" cometidas por grupos insurgentes.


Uribe no resuelve, sino que estimula el conflicto.

El Movimiento Nacional de Víctimas destaca que el conflicto armado es responsable además por otras 15 mil desapariciones y por el asesinato de 1.700 indígenas, 2.550 sindicalistas y 5 mil miembros de la Unión Patriótica.
"Como el Movimiento de Víctimas reiteró, el camino recorrido por Álvaro Uribe Vélez en sus dos mandatos no conduce a la reconciliación y mucho menos a la paz, sino todo lo contrario, estimula la confrontación armada, consolida la impunidad y aumenta considerablemente la vulnerabilidad y el número de víctimas", añaden.
Junt a la marca, el Movimiento realizará también en Bogotá, del 6 al 8 de marzo, el IV Encuentro Nacional de Víctimas de Crímenes de Lesa Humanidad, Genocidio y graves violaciones de los derechos humanos. En el encuentro, se discutirásobre las estrategias de lucha contra la impunidad, a fin de fortalecer al Movimiento.
Los participantes del encuentro piden una salida negociada del conflicto político, social y armado, el acuerdo humanitario y la democratización del país. "Bajo las políticas de ‘lucha contra el terrorismo’ y la estrategia oficial de la ‘seguridad democrática’ se está legalizando el poder mafioso en Colombia, lo que es una amenaza para las fuerzas sociales y democráticas que buscamos una transformación real del país", dice el Movimiento.

El oficialismo impulsará reforma para la segunda reelección de Uribe

El senador colombiano Carlos García anunció que el oficialista Partido de la U, del que es líder, recogerá cinco millones de firmas para impulsar una reforma constitucional que permita al presidente Alvaro Uribe aspirar a un tercer mandato.
"La bancada del partido de la U, unánimemente, ha aprobado asumir la tarea de la recolección de cinco millones de firmas, para presentar un proyecto reformatorio de la Constitución que permita al presidente Uribe, si así lo desea, presentarse a una nueva elección en el 2010", precisó García. La declaración originó de inmediato el rechazo del opositor Polo Democrático a través de su portavoz, el senador Jesús Bernal.
"El Polo Democrático rechaza una tercera aspiración del presidente Uribe. Creo que esto cierra espacios democráticos en el país y no le hace bien a la democracia. Nosotros nos opondremos a esto y trabajaremos en esa perspectiva", anotó. Uribe, elegido en 2002 para un primer período y reelegido en 2006, ha dicho en varias oportunidades que no desea presentarse a un tercer mandato en 2010.
El anuncio del partido de la U fue hecho apenas tres días después de una masiva movilización en Colombia y el exterior en contra de la guerrilla de las FARC, pero que algunos sectores de la oposición afirmaron podría convertirse en una especie de plebiscito para que Uribe aspirara a un tercer mandato.


Carta al Presidente: "No sólo hay secuestrados por las guerrillas"

Desde la edición digital de "El Espectador", el abogado colombiano, especialista en derechos humanos, Iván Cepeda, dirige la siguiente carta pública al Presidente Uribe.

"Señor Presidente, en menos de dos semanas los grupos paramilitares —ahora mimetizados en la vaga definición de bandas emergentes— han asesinado a 12 personas, han desaparecido a nueve y han desplazado a otras 120.

-El 31 de diciembre de 2007, en el corregimiento de El Palmar, Nariño, asesinaron a cuatro adultos y un menor. El ex gobernador de ese departamento, Eduardo Zúñiga, atribuyó la masacre a paramilitares.


-Ese mismo día en Medellín, fue desaparecido el abogado Víctor Hugo Gallego, de la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social, Corpades. El abogado Gallego había formulado insistentes denuncias sobre la actuación paramilitar en Medellín.

-El 11 de enero de 2008, mientras se realizaba una fiesta familiar en el barrio ‘Once de noviembre’ de Santa Marta, varios hombres armados llegaron disparando, asesinaron a cinco personas e hirieron a tres más. Las víctimas eran líderes comunitarios.

-El 14 de enero, la Defensoría del Pueblo informó que un grupo paramilitar incursionó en Santa Mónica, Chocó, asesinó a dos personas, se llevó a otras ocho y desplazó a cerca de 120 habitantes de la población.

-A estos graves hechos cabe agregar que recientemente en Bucaramanga, Santander, han aparecido en lugares públicos mensajes amenazantes del grupo ‘Águilas Negras’. El alcalde de la ciudad desestimó las amenazas diciendo que estos grupos no tienen presencia allí. No obstante, en un informe de 2007, la Defensoría del Pueblo advertía que en el departamento de Santander se registra la existencia de tales agrupaciones.


Esto significa que en cuatro departamentos del país y en menos de 15 días, los paramilitares han cometido dos masacres, varias desapariciones forzadas, y han provocado el desplazamiento forzado masivo luego de una incursión armada. Pareciera que esas víctimas son inexistentes. De ellas no llegarán pruebas de supervivencia. Sus restos irán a parar a las fosas comunes o a los ríos. Ni los gremios empresariales ni la Iglesia ni los alcaldes ni los gobernadores ni los grandes medios de comunicación convocan a marchas de rechazo ciudadano ante esos crímenes. Tampoco reclaman que devuelvan con vida a los desaparecidos.

¿Qué se puede esperar de esos funcionarios e instituciones cuando la actitud del Gobierno Nacional está marcada por el silencio y la negación? En vez de condenar esas atrocidades, Usted, señor Presidente, se empeña en intentar convencer al país y al mundo de que los grupos paramilitares ya no existen en Colombia; una afirmación que desmienten irrefutablemente los hechos.
¿Cuándo se pronunciará Usted sobre los crímenes contra la humanidad que siguen cometiendo los grupos paramilitares? ¿Cuándo hará una alocución solemne para condenar las desapariciones forzadas masivas que han llevado a miles de compatriotas a fosas comunes y cementerios clandestinos? ¿Cuándo el Gobierno Nacional se pronunciará oficialmente contra el desplazamiento forzado practicado por los paramilitares que han arrebatado la tierra a millones de compatriotas?
Es cierto que el secuestro es una práctica criminal que la sociedad colombiana no debe tolerar bajo ningún concepto. Pero en Colombia no sólo existen cientos de secuestrados por las guerrillas. Hay miles de desaparecidos, asesinados y desplazados por agentes estatales y por los grupos paramilitares que, como Usted recordará, fueron auspiciados hace más de una década a través de las empresas de seguridad Convivir. Esa realidad no se desvanecerá con la tozuda insistencia del Gobierno en una concepción unidimensional del terrorismo."

(Ivan Cepeda es abogado especialista en derechos humanos, director de la Fundación 'Manuel Cepeda Vargas' y miembro del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes del Estado.Jjunto con otros defensores/as de los derechos humanos, ha colaborado en la documentación de aproximadamente 40.000 casos de serias violaciones a los derechos humanos, cometidas en Colombia desde 1996.)

Por la Vida, la Paz y la Democracia
Llamamiento de todos los sectores de víctimas de
crímenes contra la humanidad en Colombia

Quienes suscribimos este llamamiento, víctimas de crímenes contra la humanidad en Colombia, declaramos lo siguiente:
1. Que rechazamos todas las formas de crímenes contra la humanidad. Que en Colombia se ha presentado una masiva y sistemática violación de los derechos humanos por parte de agentes del Estado y de la estrategia paramilitar que ha generado la comisión de crímenes contra la humanidad, como genocidio, desaparición forzada, ejecuciones extrajudiciales, torturas, desplazamientos forzados. Asimismo, que los grupos insurgentes han incurrido en infracciones al derecho internacional humanitario, siendo el secuestro una de sus más graves manifestaciones. Esta crisis humanitaria obstaculiza las posibilidades para construir una sociedad civilizada en la que el respeto a la vida y la dignidad humana sean el principio esencial de la convivencia.

2. Que resulta inadmisible toda justificación pública de estos crímenes bien sea por razones ideológicas, de Estado, bajo el pretexto de la seguridad nacional, del pretendido derecho a la autodefensa, de la acumulación de la riqueza y del despojo de tierras o de cualquier otro argumento que se emplee para legitimar lo que a la luz de la ética y del inquebrantable derecho a la vida es inhumano. Consideramos que toda expresión o discurso con el que se pretenda ignorar los derechos humanos y el derecho humanitario, nos aleja del camino de la paz y la democracia. La sociedad por su parte debe actuar para exigir el respeto de los derechos a la verdad, la justicia, la reparación integral y las garantías de no repetición.

3. Hacemos un llamado para que las víctimas sean respetadas, no se manipule su sufrimiento, no se haga uso de ellas con fines políticos, electorales, económicos o militares. Llamamos a que no se afecte su dignidad de ninguna manera, a que se desista del intento de contraponerlas unas a otras, y a que no se vulnere aún más sus derechos convirtiéndolas en blanco de nuevas agresiones. Llamamos a que sus propuestas y argumentos sean asumidos con seriedad y respeto.

4. Hacemos un llamado por el Acuerdo Humanitario que permita el regreso de las personas secuestradas al seno de sus familias y la sociedad, y porque sean respaldadas todas aquellas gestiones de facilitación, acompañamiento y veeduría nacional e internacional que contribuyan a estos propósitos. Que se evite a toda costa cualquier tipo de operación militar que ponga en riesgo sus vidas o comprometa de algún modo su integridad.

5. Exigimos verdad, justicia y reparación para todas las victimas de crímenes contra la humanidad y genocidio; que se devuelvan los desaparecidos a sus familiares, se restituyan las tierras a los desplazados; se desmonten en forma definitiva los grupos paramilitares, se acaben los vínculos de éstos, con instancias estatales, empresas multinacionales o partidos políticos y que todos los vinculados a la parapolítica responsables de violaciones de los derechos humanos sean sancionados y sus crímenes esclarecidos ante el país y el mundo.

6. Después de más de cuarenta años de conflicto armado ininterrumpido urge encontrar caminos viables que nos permitan avanzar sin más demoras ni dilaciones hacia la solución política negociada del conflicto armado, en la cual se preserven los derechos de las victimas. Reiteramos nuestra convicción de que la guerra que padece Colombia, sólo podrá ser superada a través de un diálogo nacional, amplio, pluralista y concertado con la sociedad.

Hoy nos une y nos asiste la imperiosa necesidad de acercamientos entre las víctimas y todos los sectores de la sociedad colombiana para construir una sociedad democrática sustentada en la paz con justicia social, el respeto integral de los derechos humanos y la dignidad humana.
Firman:
Asociación Colombiana de Familiares de Miembros de la Fuerza Pública , Retenidos y Liberados por Grupos Guerrilleros, ASFAMIPAZ.
Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado
Yolanda Pulecio
Madre de Ingrid Betancourt
Movimiento Hijos e Hijas por la Memoria y contra la Impunidad
Familiares de los Desaparecidos del Palacio de Justicia
Fundación “Manuel Cepeda Vargas”
Víctimas y sobrevivientes de la Unión Patriótica y del Partido Comunista Colombiano
Pueblo Kankuamo Desplazado en Bogotá.
Zonas Humanitarias y Zonas de Biodiversidad de los Consejos Comunitarios del Jiguamiandó y Curvaradó
Zonas Humanitarias y Zonas de Biodiversidad de las Comunidades de Autodeterminació n, Vida, Dignidad del Cacarica, CAVIDA.
Zona Humanitaria de la Comunidad de Vida y Trabajo de La Balsita , Dabeiba.
Zona Humanitaria de la Comunidad Civil de Vida y Paz del Alto Ariari, CIVIPAZ.
Consejo Comunitario del Río Bajo Naya, Valle del Cauca.
Familiares de Víctimas de Trujillo, Valle.
Familiares de Víctimas de Inzá, Cauca.
Asociación de Familiares de Víctimas de la Violencia Política de Río Sucio, Chocó, CLAMORES.
Movimiento Regional de Víctimas de Crímenes de Estado, Sucre.
Movimiento Regional de Víctimas de Crímenes de Estado, Antioquia.
Asociación Regional de Víctimas de la Violencia del Terrorismo de Estado en el Magdalena Medio, ASORVIM.
Familiares de Desaparecidos forzadamente, Familiares Colombia.
Fundación “Nidya Erika Bautista” para los Derechos Humanos.
Carlos Lozano
Director del semanario Voz
Gloria Inés Ramírez
Senadora de la República
Gloria Cuartas
Ex alcaldesa de Apartadó
Comunidad de Ullucos del Resguardo Indígena de San Francisco, Cauca.
Asociación Tequendama de Sucre, Cauca.
Asociación Nacional de Ayuda Solidaria, ANDAS.
Comité Ejecutivo Nacional
Seccional Barrancabermeja
Acompañamiento Psicosocial y en Salud Mental a Víctimas de Violencia Política, AVRE.
Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos
Comisión Intereclesial de Justicia y Paz
Colectivo de Abogados “José Alvear Restrepo”
Comité de Solidaridad con los Presos Políticos
Fundación Afro y Cultura ” La Esperanza “.
Resguardo Indígena Emberá de Urada, Jiguamiandó, Coredocito.
Asociación Campesina para el Desarrollo Integral del Sur del Putumayo, ACADISP
.
(Fuentes: Agencia PÚLSAR, Adital, El Espectador-ACSUR y Periodismo Global la otra mirada)

19.10.07

Colombia: Ejecuciones extrajudiciales

EL EJÉRCITO ACUSADO DE EJECUTAR A 169 CIVILES Y DE PRESENTARLOS DESPUÉS COMO GUERRILLEROS

El Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP) una prestigiosa institución de investigación y análisis que dirigen los jesuítas, afirmó que las Fuerzas Armadas colombianas fabricaron en un año 90 operaciones que dejaron 169 víctimas civiles, que luego fueron presentadas como miembros de organizaciones guerrilleras. Los operativos montados para presentar éxitos militares se realizaron entre julio de 2006 y junio de 2007, e incluyeron ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, torturas y amenazas.
Según la ONG, "hechos como éstos no sólo cuestionan la legitimidad de la fuerza pública, sino que además cuestionan si la excesiva presión presidencial para que las Fuerzas Armadas muestren resultados en su lucha contra la insurgencia no está llevando a que éstas caigan en una lógica perversa".

Además, según el Instituto Popular de Capacitación (IPC)en Colombia han ocurrido 955 ejecuciones extrajudiciales en cinco años. En los últimos cinco años, las ejecuciones extrajudiciales atribuibles a la fuerza pública aumentaron en un 65% con respecto a los cinco años anteriores, pasando de 577 a 955 casos. Así lo revela un estudio adelantado por el Observatorio de derechos humanos de la Coordinación Colombia- Europa-Estados Unidos.
La política de Seguridad Democrática de Uribe, 'estimula' las ejecuciones

Sin que existiera orden judicial, el pasado 22 de abril varios soldados adscritos a la XVI Brigada del Ejército sacaron por la fuerza a Ernesto Cruz Guevara de su casa, en la vereda Retiro Milagro del municipio Aguazul, Departamento de Casanare. Horas más tarde fue reportado como guerrillero muerto en combate.

Este caso nutre la lista de las 955 ejecuciones extrajudiciales reportadas entre julio de 2002 y junio de 2007 en el país atribuibles a la Fuerza Pública, y tales cifras, según un conjunto de organizaciones no gubernamentales que integran la Coordinación Colombia Europa Estados Unidos, y que a su vez representan a las víctimas y critican la llamada Política de Seguridad Democrática que impulsa el actual Gobierno nacional y niegan que sea una política de derechos humanos encaminada a la protección de la población civil.

A las 955 ejecuciones extrajudiciales se le suman las 211 desapariciones forzadas por acción directa de agentes estatales. Para las organizaciones denunciantes, tal panorama “demuestra que la política de Seguridad Democrática no es una medida idónea ni eficaz para garantizar y proteger el derecho a la vida”.

Frente a la recurrencia de los hechos, las instituciones defensoras de derechos humanos no vacilan en advertir que la seguridad democráticaestimula la comisión de ejecuciones extrajudiciales entre las tropas con el ánimo de mostrar resultados operativos en contra de la insurgencia armada, pero cuya práctica recurrente afecta a las comunidades que están al margen de la lucha armada”.

Agrava la situación el hecho de que en la mayoría de los casos persiste la impunidad, aspecto que es calificado de “sistemático” y según la Coordinación , “obedece a una intención deliberada por parte del Estado para encubrir los crímenes cometidos por sus agentes”.

“No son hechos aislados”

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha sido reiterativa en sus informes anuales en llamar la atención sobre la persistencia de las ejecuciones extrajudiciales atribuibles a miembros de la Fuerza Pública , de las cuales se tienen registro en 21 departamentos del territorio colombiano, especialmente en Antioquia, Nariño, Valle, Putumayo, Cesar, Atlántico, Tolima y Guajira. Además, han afectado a diversas comunidades indígenas y afrocolombianas que habitan la Sierra Nevada de Santa Marta, Chocó y la Amazonía.

Para las organizaciones no gubernamentales colombianas, entre las que se destacan la Comisión Colombiana de Juristas, la Corporación Jurídica Libertad y el Grupo Interdisciplinario de Derechos Humanos, es claro que las ejecuciones extrajudiciales no corresponden a hechos aislados: “Por el contrario, se han identificado patrones de acción tales como su ocurrencia en desarrollo de operaciones militares, la previa detención arbitraria de las víctimas, su posterior desaparición, la alteración de la escena del crimen por sus autores y la presentación de las víctimas como personas muertas en combate”.

Ejemplo de ello está consignado en el expediente del labriego Ernesto Cruz: “Los soldados le preguntaron por la guerrilla mientras registraban toda la casa. Luego se dirigieron de nuevo al señor Cruz y le dijeron: “usted está capturado y nos lo llevamos para Sogamoso”. Le ordenaron que se bañara y que se pusiera un uniforme camuflado, pero el señor Cruz se opuso y se vistió con su propia ropa”.

Momentos más tarde, continúa el relato, dos campesinos vecinos vieron cuando la tropa se llevó a Cruz Guevara. También vieron que varios metros más adelante la tropa hizo una hoguera y envolvieron un cuerpo en una hamaca de color negro. Enseguida llegó un helicóptero que recogió a la tropa junto con el cuerpo. Una vez partió el aeronave, los testigos decidieron acercarse hasta la hoguera que hicieron los militares e identificaron rastros de la ropa que tenía puesta el señor Cruz.

Ante esa situación, la esposa del señor Cruz decidió acudir en Yopal al Cuerpo Técnico de Investigaciones (CTI) de la Fiscalía. Ahí le informaron que no tenían ninguna persona detenida, pero que el Ejército, ese día, había llevado el cuerpo de un guerrillero muerto en combate que estaba registrado como N.N. Los funcionarios del CTI le entregaron fotos del cuerpo, que en realidad correspondía al del señor Ernesto Cruz Guevara”, se lee en el expediente.

Una política de 'seguridad' dictada contra los civiles

De acuerdo con los análisis de la Coordinación Colombia Europa Estados Unidos, el Gobierno colombiano no ha incorporado la perspectiva de seguridad humana de las Naciones Unidas según la cual el respeto a los derechos humanos constituye el núcleo de la protección de la seguridad humana. Por consiguiente, ha negado el principio de distinción de la población civil y ha señalado de manera insistente que la principal ventaja militar de los grupos subversivos son los vínculos que estos supuestamente mantienen con la población civil.

El discurso gubernamental según el cual la población civil hace parte de los grupos combatientes que enfrenta militarmente, permite que la Fuerza Pública considere que la simple residencia en zonas tradicionalmente controladas por las guerrillas, constituye un indicio de la complicidad con esos grupos. También propicia que toda actividad que cuestione el orden social, político o económico imperante sea asociada con los grupos guerrilleros. De esta manera, las ejecuciones extrajudiciales son utilizadas como una forma de castigar el supuesto vínculo entre la población civil y las guerrillas”, advierte la Coordinación.

A través de las revisiones a los procesos judiciales se establece que en la mayoría de los casos de ejecuciones extrajudiciales las víctimas eran personas campesinas, “que fueron atacadas luego de recibir señalamientos por parte de informantes de la Fuerza Pública o de miembros de la red de cooperantes, que los acusaron de ser colaboradores de los grupos guerrilleros”.

La anterior situación se ve agravada por la impunidad en que se encuentran sus autores. En la mayoría de los casos, se han identificado patrones que impiden la clarificación de los hechos, la identificación de los responsables y la imposición de una sanción penal como: la adopción de competencia por la jurisdicción penal militar, la manipulación de la escena del crimen, la no adopción de todos los mecanismos disponibles para investigar eficazmente los hechos, entre otros.

Esta situación evidencia la existencia de problemas estructurales profundos en la Fuerza Pública y en los órganos que administran justicia, lo que ha implicado una grave situación de impunidad en los casos de ejecuciones extrajudiciales, y amerita una reflexión seria sobre el papel que está cumpliendo el Gobierno colombiano para garantizar la seguridad de los colombianos, sobre todo en las áreas rurales.
(Fuentes: Agencia PÚLSAR, Instituto Popular de Capacitación y CINEP)

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