Saharauis, los ojos del desierto

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28.12.10

EE.UU:Wikileaks

EL SOLDADO MANNING, ACUSADO DE FILTRAR LOS DOCUMENTOS, ES MALTRATADO EN LA PRISIÓN MILITAR DONDE VIVE, AISLADO DESDE HACE SIETE MESES, EN CONDICIONES INHUMANAS


Las condiciones de detención de Bradley Manning, el soldado estadounidense acusado de haber filtrado a WikiLeaks miles de documentos secretos del Departamento de Estado, son “inhumanas” , y su salud física y mental se están deteriorando.

“Me parece evidente que la salud física y mental de Manning se está deteriorando”, escribió David House en el blog Firedoglake. De acuerdo con House, un informático que le visita dos veces al mes, las condiciones de encarcelamiento de Manning en una prisión de Marines en Quántico-Virginia son “rigurosas e inhumanas” , pese a lo que dice el Pentágono.

El Departamento de Defensa afirma que el ex analista, de 23 años, está detenido bajo un régimen de máxima seguridad, pero que no recibe un tratamiento distinto al del resto de los presos. Este régimen sólo permite al recluso salir de su celda una hora al día para realizar ejercicios físicos.

Manning dispone de dos sábanas y colchas que no pueden romperse para evitar que se suicide, una medida de que se ha tomado por “precaución” aunque no tiene ninguna vigilancia especial por ello.

House aseguró que las declaraciones del ministerio son “claramente contradictorias” con las que Manning le ha hecho, después de haberle visitado el sábado y el domingo. De acuerdo con su versión, el detenido no ha podido salir al patio de la cárcel desde hace cuatro semanas, por lo que no ha podido realizar sus ejercicios físicos. “Cuando le he mencionado el comunicado del Pentágono que asegura que puede hacer ejercicios, éste ha respondido que es cierto si se considera caminar con cadenas como una forma de hacer ejercicio físico” , escribe House en el blog.

Manning se encuentra aislado desde Mayo en una celda de 3,6 metros de largo por 1,8 de ancho, según la descripción del lugar facilitada por su abogado, David Coombs. Su aislamiento sólo se rompe los festivos, cuando puede recibir las visitas aprobadas, sin contacto, durante tres horas.

En uno de los recientes comunicados del letrado, se especifican las “severas condiciones” de vida del soldado. De él sólo se dispone de fotografías, casi siempre sonriente, de su vida anterior, la de un joven que a los 21 años se alistó al ejército y que luego fue destinado a Iraq, donde se cree que empezó a copiar el material desvelado. El líder de Wikileads, Julian Assange, repite que no sabe si Manning fue el filtrador. La tecnología, argumenta, facilita encriptar la identidad del emisor.

El castigo del soldado, bajo la consideración del fundador de Assange, no persigue otra cosa que presionarle para que le inculpe a él para acusarle por conspiración. Dice que teme que le lleven a Estados Unidos y que le maten .



El mobiliario del hogar de Manning consiste en una cama, una fuente de agua y un inodoro. No se le deja tener posesión personal alguna. Tiene prohibido hacer ejercicio –ahora burla esto con el yoga– en ese recinto donde se pasa 23 horas al día. La otra hora le dejan salir, con grilletes en los pies, a una sala vacía para que camine.

Se levanta a las cinco de la mañana, salvo fines de semana y festivos, cuando la diana es a las siete. Entre la hora que se despierta y las ocho de la tarde se le impide dormir. En caso de que observen que trata de hacerlo, y hay chequeos cada cinco minutos, los guardias “le obligan a sentarse o a mantenerse en pie”, siempre según el letrado. No le ofrecen almohada o sábanas, ya que podría poner en peligro su vida. Para dormir le dan una manta. Le despiertan si se emboza hasta la cabeza, “y la luz está encendida de forma permanente”, afirma el periodista House.

Los vigilantes son profesionales –añade Coombs–. En ningún momento intentan acosarlo. Pero, por la naturaleza de su trabajo, no conversan con él”.

Cada noche dispone de 15 minutos para ducharse. Le permiten ver televisión –canales limitados–, siempre de día, de una a tres horas en las jornadas laborables y de tres a seis en las festivas. También se le facilitan libros, uno a uno, de los que él ha puesto en una lista. En esta figuran Decision point, de George W. Bush; dos títulos de Immanuel KantCrítica de la razón práctica y Crítica de la razón pura–; El arte de la guerra, de Sun Tzu; El buen soldado, de David Finkel, o En la guerra, del general Von Clausewitz.

De las siete de la noche a las nueve es el tiempo del correo. Le dan bolígrafo y papel y está autorizado a escribir a la familia, a los amigos y a su defensor. Las cartas que recibe también se han de corresponder con las personas en la lista, o se destruyen.

Estas condiciones traumatizarían a cualquiera”, sostiene Coombs en declaraciones al portal The Daily Beast, en una de las pocas entrevistas concedidas.

A Manning, a quien ha de juzgar un tribunal militar, se le aplicó de entrada un régimen de potencial suicida. Pronto cambiaron esta disposición y lo reclasificaron como candidato a autolesionarse. “Es ya una condena antes de ser juzgado”, subraya el defensor.

Jeff Paterson, director de la oficina Courage to Resist, una organización sin ánimo de lucro, ya ha recaudado 100.000 dólares en apoyo de Manning. Patterson dice al The New York Times que Wikileaks no apoya al soldado, pese a que “él les dio toda la información”. A Manning le delató el hacker Adrian Lamo. Courage to Resist pide el fin del “trato inhumano” al soldado.

Bradley Manning, mediante su abogado, hizo llegar esta Navidad un mensaje de agradecimientos a todos los que le apoyan. Y recordó a “a sus compañeros de despliegue en Iraq y a los otros detenido en Quantico, que pasan estas fechas sin la familia”.
Wikileaks: No es sólo el secretismo, sino toda una cultura de impunidad lo que está en cuestión

Por Sam Smith(*)

Aunque Wikileaks ha comenzado a revelar algunos secretos de estado importantes, no es eso lo único que está poniendo extremadamente nervioso al establishment. Otro ciclópeo problema al que se enfrentan es que estos documentos están proporcionando toda una cadena de pruebas que ilustra que la gente que dirige nuestro gobierno no es sólo por lo común estúpida, corrupta y/o deshonesta, sino que en ciertos sectores, como el de la política exterior, este comportamiento es más la norma que la excepción. No es sólo el secretismo, sino que toda una cultura de la impunidad está en cuestión.

Aunque se trate de una visión ya extendida entre muchos ciudadanos, desde el punto de vista de las clases dominantes, las pruebas son mucho más peligrosas que la mera opinión. El papeleo es algo verdaderamente terrible.

Si todo esto no os suena ligeramente familiar, la descripción de una vieja película puede que nos ayude:
“En su triunfante retorno a la Ciudad Esmeralda,Totó expone al Mago de Oz como un fraude, apartando el cortinaje que revela a un hombre nada mágico operando una gigantesca consola de mandos compuesta de ruedas y palancas.”

No es una mala descripción del modo en que funciona Washington en nuestros días.

Seguro que Wikileaks también revela cómo algunas personas honestas tratan de hacer cosas honestas. Pero en las reglas del juego el poder y la honestidad son mutuamente excluyentes, una modesta aportación del Independent al describir la conversión del antiguo zar de las drogas británico a la legalización:
“Mr. Ainworth comentó que su salida del cargo le proporciona ahora la libertad de expresar su opinión de que 'la guerra contra las drogas ha sido poco menos que un desastre'.”

En otras palabras, mientras ocupaba un cargo público no se le permitía revelar que la guerra contra las drogas era poco menos que un desastre. Es difícil que una norma así encaje en la definición de una democracia funcional.

Para hacer que una prohibición así sea efectiva de veras necesitas tener a relativamente poca gente que sepa el secreto y no a dos millones de personas en el personal militar con las contraseñas de Internet adecuadas.

Éste es el daño a largo plazo que Wikileaks ha causado. Un soldado raso en Irak puede saber más estados de secreto que muchos de los miembros del club conocido como establishment de Washington. Todos aquellos años en la Ivy League, todos aquellos almuerzos en el Metropolitan Club, todas aquellas aburridas conferencias en think tanks se vienen abajo con unos pocos CDs y lápices de memoria.

La cultura de Washington se ha basado durante mucho tiempo en un pequeño grupo de personas que compartían el poder, el almuerzo y los secretos, que proyectaban –con la ayuda de los sicofánticos escribas de los medios de comunicación– una aura de competencia y sabiduría.

Ésta cultura es la que hace que una cabecera metida hasta las cejas en el establishment como el Daily Beast abra una noticia con la siguiente frase:
“Mientras el mundo expresa su duelo por el embajador Richard Holbrooke...”

Imaginar que “el mundo” está expresando su duelo por Richard Holbrooke exige una perspectiva mundial que raya lo microscópico, pero así es como piensa la clase dirigente de Estados Unidos. La idea de que un mero soldado en el ejército y un excéntrico australiano pudieran apartar los ropajes de su confortable apariencia les estremece como pocas otras cosas.

Así las cosas, Wikileaks no sólo ha expuesto secretos de estado, sino también a los magos de Washington, y es probablemente esto lo que estos magos odian más.

(*)Sam Smith
es el editor de Progressive Review. Este artículo fue publicado en Counterpunch.org el 21 de diciembre pasado.


(Fuentes: AFP, La Vanguardia-Barcelona y SinPermiso)

1 comentario:

basket converse dijo...

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