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26.1.10

Haití:Terremoto e Información

CUANDO EL DESASTRE SON LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN. Y PORQUÉ ES TAN INJUSTO LLAMAR SAQUEADORES A QUIENES BUSCAN COMIDA O MEDIOS PARA CALENTARSE Y COBIJARSE CUANDO LA AYUDA AUN NO HA LLEGADO O NO ES BIEN DISTRIBUIDA


Por Rebecca Solnit (*)

Inmediatamente después da casi cada desastre, comienzan los crímenes: implacables, indiferentes al sufrimiento humano y generadores de harto más sufrimiento. Sus perpetradores salen impunes, y viven para seguir cometiendo crímenes contra la humanidad. Se preocupan menos por la vida humana que por la propiedad. Actúan sin atender a las consecuencias.
Estoy hablando, huelga decirlo, de los miembros de los medios de comunicación de masas, cuya falsaria representación de lo que ocurre en un desastre logra a menudo propiciar o justificar una segunda ola de desastres. Estoy hablando del tratamiento que de las víctimas se da, como si de criminales se tratara, tanto sobre el terreno como en las noticias, y del aplauso galanamente ofrecido al desviación de recursos destinados al rescate hacia los patrulleros de la propiedad. Todavía tienen las manos rezumarntes de sangre del huracán Katrina, y ya se las manchan de nuevo en Haití.



A los pocos días del terremoto de Haití, por ejemplo, Los Angeles Times publicó una serie de fotografías, con sus correspondientes pies anunciando recurrentemente ―saqueos‖. [Véase, análogamente, en la prensa española esta página del diario El Mundo; n. T.] En una se veía a un hombre tirado al suelo, boca abajo, con este pie: ―Un policía haitiano reduce a un sospechoso de saqueo que llevaba un saco de leche en polvo‖. El dulce rostro del hombre mira a la cámara suplicante, angustiado:



Otra foto se rotulaba así: ―Continúa el saqueo en Haití tres días después del terremoto, a pesar de que había más policías desplegados en el centro de Puerto Príncipe‖. Mostraba a una sombría muchedumbre vagando entre derruidas columnas de hormigón en un paisaje en el que, manifiestamente, poco podía haber de valor para llevarse.




Una tercera imagen llevaba el siguiente pie: ―Un saqueador se hace con rollo de tela de un comercio destruido por el terremoto‖:




Y otro: ―El cuerpo de un funcionario de policía yace en una calle de Puerto Príncipe. Le disparó accidentalmente un compañero al confundirlo con un saqueador.




La gente estaba todavía atrapada entre los escombros. Un traductor de la Televisión australiana consiguió rescatar a una pequeña que había sobrevivido 68 horas sin agua ni alimentos, huérfana, pero reclamada por un tío que había perdido a su mujer embarazada. Otros estaban espantosamente heridos, esperando una ayuda médica que no llegaba. Centenares de miles, tal vez millones, necesitaban, y siguen necesitando, agua, alimentos, cobijo y primeros auxilios. Los medios de comunicación se bifurcan en los desastres. Algunos se salen de su papel habitual ―objetivo‖, para responder con sensibilidad y ayuda práctica. Otros sacan el arsenal de clichés y mitos perniciosos, para lanzarse una y otra vez al asalto de los supervivientes.

El saqueador‖ de la primera foto muy bien podría haber ido en busca de leche para sus niños y bebés hambrientos, pero para los medios de noticias ese no era el problema más urgente. El ―saqueador‖ encorvado bajo dos enormes rollos de tela muy bien podría estar en trance de llevarlos a gentes que habían perdido su hogar y necesitados de cobijo en tiendas improvisadas para guarecerse de un feroz sol tropical.

Las imágenes comunican desesperación, pero no actitudes criminosas. Salvo, acaso, los disparos de un policía a su colega: debían estar tan obsesionados con la propiedad que se volvieron imprudentes en lo que tocaba a la vida humana. Resultado: un hombre murió sin motivo alguno en un paisaje ya saturado de muerte.

En los últimos días se ha ido informando de distintos enfrentamientos con armas, y puede que eso sea harina de otro costal. Pero ¿y el hombre con la leche en polvo? ¿Es realmente un delincuente? Puede que haya más casos, pero lo que he visto no me convence.

¿Y qué harías tú?


Imagina, lector, que tu ciudad se ve apabullada por un desastre. Tu cada ya no existe, y ya gastaste hace días todo el dinero que llevabas encima. Tus tarjetas de crédito no sirven para nada, porque no hay ya electricidad para procesar los cargos a cuenta de las mismas. En realidad, no hay ya siquiera almacenes, bancos, comercios ni nada que comprar. La economía ha dejado de existir.

Pero al tercer día estás ya muy hambriento, y el agua que sacaste a prisa y corriendo de casa ya se agotó. La sed es harto peor que el hambre. Puedes pasar varios días sin comida, pero no sin agua. Y en el campamento improvisado en el que te hallas hay un viejo a tu vera que parece al borde de la muerte. Ya no contesta nada cuando tratas de confortarle asegurándole que todo este caos pasará, seguro. Los bebés no dejan de llorar, y sus mamás están entre la tensión angustiada y el desconsuelo.

Así que decides salir para ver si alguna organización de ayuda humanitaria ha llegado ya y está distribuyendo algo. Y lo único que descubres es que hay otro millón de semejantes en situación de abandono y privación, y que no es probable que llegue ayuda ninguna o pronto o cerca. El chico del comercio de la esquina ya ha dado todos sus bienes a los vecinos. Esa oferta se acabó ya. Es lo más normal del mundo que, cuando ves la farmacia con las ventanas rotas o el supermercado, no te lo pienses dos veces y te lances a por la caja de galletas energéticas o unos cuantos litros de agua que pueden mantenerte con vida, así como ayudarte a salvar un puñado de vidas.

Puede que el viejo no se muera, que los bebés pongan fin a la llantina y que a las madres les cambie la faz. Otros deambulan también tranquilamente para conseguir algo. Tal vez sean gentes como tú y ese litro de leche que el que está a tu lado acaba de llevarse sirva pronto de alivio en algún sitio. No has mangado nada en una tienda desde que tenías 14 años, y tienen un montón de dinero a tu nombre; pero eso no significa nada ahora.

Si te haces con estos productos, ¿eres un delincuente? ¿Tienes que terminar pateado en el suelo por un poli que te esposa con las manos atrás? ¿Tienes que terminar oyéndote llamar ―saqueador‖ por los medios de comunicación internacionales? ¿Tienes que ser abatido a tiros en la calle porque la sobrerreacción a los desastres, a todos los desastres, suele traer consigo la imposición de la pena de muerte sin el beneficio del debido proceso sólo por ser sospechoso de un delito menor contra la propiedad?

¿O eres un rescatador? ¿No es la supervivencia de las víctimas de los desastres más importante que la preservación de las relaciones cotidianas de propiedad? Esa farmacia, ¿es más vulnerable, más víctima, está más necesitada de ayuda por parte de la Guardia Nacional que tú, o que esos pequeños desechos en llanto, o que los millares todavía atrapados entre ruinas a punto de morir?

Es bastante obvio cuáles son mis respuestas a estas preguntas, pero no parece tan obvio en el caso de los medios de comunicación. Desastres tras desastre, al menos desde el terremoto de San Francisco en 1906, los que están en el poder, los que disponen de rifles y tienen la fuerza de la ley tras de sí a menudo se preocupan más por la propiedad que por la vida humana. En una situación de emergencia la gente puede morir, y muere, por causa de esa pervertida jerarquía de valores. O son abatidos a tiros por hurtos menores o imaginados. Los medios de comunicación no sólo aceptan eso, sino que regularmente, repetidamente, ayudan a preparar el camino de, y aun a incubar, esa reacción.

Si las palabras mataran

Necesitamos desterrar la palabra ―looting‖ [saqueo] de la lengua inglesa. Invita a la locura y nubla las realidades.
―Loot‖ [saqueo, saquear], el sustantivo y el verbo, es una palabra de origen hindú que refiere a los despojos de la guerra o a otros bienes más o menos incautados. Como hizo notar en su día el historiador Peter Linebaugh, ―en una época, loot significaba la paga del soldado‖. Entró en la lengua inglesa como buena parte del saqueo [loot] procedente de la India entró en la economía inglesa: en los bolsillos de los soldados o en forma de incautaciones imperiales.

Tras años de entrevistar a supervivientes de desastres y de leer informes de primera mano y estudios sociológicos de desastres como el bombardeo alemán de Londres en 1940 y el terremoto de la Ciudad de México en 1985, no creo en el saqueo. Hay dos cosas que pasan en los desastres. El grueso de lo que ocurre podría llamarse requisa de emergencia. Alguien que podrías ser tú, alguien en circunstancias desesperadas como las descritas más arriba, se hace con lo necesario para sostener la vida humana a falta de cualquier otra alternativa. No sólo no llamaría yo a eso saqueo; es que ni siquiera le llamaría hurto.

La necesidad es un eximente en caso de violar la ley, en los EEUU y en otros países, aun si se aplica más, digamos, a la confiscación de las llaves del coche de un conductor borracho que a alimentar a niños hambrientos. Coger cosas que no necesitas es hurto bajo cualquier circunstancia. Lo que es, de acuerdo con el sociólogo de los desastres Enrico Quarantelli –que ha venido estudiado el asunto desde hace más de medio siglo—, algo rarísimo en la mayoría de desastres.

El beneficio personal es lo último en lo que el grueso de la gente piensa luego de un desastre. En esa fase, los supervivientes son casi invariablemente más altruistas y están menos apegados a sus propiedades, menos preocupados por los problemas de largo plazo de las adquisiciones, el estatus, la riqueza y la seguridad, de lo que pueda concebir como posible cualquiera que no se halle en tales situaciones. (Los mejores informes y reportajes sobre Haití sólo destacan esta realidad de los desastres: gentes que se han quedado prácticamente sin nada se arman de paciencia y buscan compartir lo poco que tienen y apoyar a quienes se hallan en una situación aún peor.)

Los medios de comunicación son harina de otro costal. Tienden a llegar obsesionados con la propiedad (y los titulares que puedan amasarse con los asaltos a la propiedad). Canales televisivos y periódicos suelen llamar ―saqueo‖ a cualquier cosa, con lo que incitan la hostilidad hacia las víctimas, así como una sobrerreacción histérica por parte de las autoridades armadas. O bien ocurre a veces que los periodistas sobre el terreno hacen un buen trabajo, pero los directivos instalados en sus cómodas oficinas amañan según les acomoda los pies de foto y editan cabeceras y titulares capciosos.

Yerran también en su uso de la palabra ―pánico‖. Entre gentes comunes en situaciones críticas, el pánico es una cosa muy rara. A una muchedumbre escapando de una muerte cierta los medios de comunicación la llamarán una multitud presa del pánico, aun cuando escapar es la única cosa razonable que se puede hacer. En Haití siguen informando de que hay comida sin distribuir por miedo a las ―estampidas‖.

¿Creen que los haitianos son ganado?


La creencia de que, en situaciones de desastre, las gentes (sobre todo si son pobres y no son blancos) se comportan como ganado, o como animales, o como locos e imprevisibles, viene regularmente a justificar el gasto de demasiada energía y de demasiados recursos en tareas de control –los militares norteamericanos lo llaman ―seguridad‖—, que se sustraen a su uso en tareas de auxilio. Una voz de fondo con acento británico de la cadena CNN comenta una toma en la que se ve a gente corriendo hacia el lugar en el que un helicóptero está arrojando tirando provisiones diciendo que hay una ‖estampida‖, y añade que esta entrega ―amenaza con provocar el caos‖. El caos existe ya, y no puedes cargarlo en el debe de estas gentes desesperadas por hacerse con un poco de comida y de agua. O puedes hacerlo, pero entonces estás contribuyendo a persuadir a tu audiencia de que se trata de personas indignas y de poco fiar.

Volvamos al saqueo: evidentemente, puedes considerar que la acuciante pobreza de Haití y sus fallidas instituciones son un desastre de larga data que altera las reglas del juego. Podría haber gentes que no sólo estuvieran interesadas en hacerse con las cosas que necesitan para sobrevivir en los próximos días, sino con cosas que nunca tuvieron derecho a tener, o con cosas que pudieran necesitar el mes próximo. Técnicamente, esto es robo, pero a mí ni me sorprende ni me turba; lo que me resulta perturbador es que antes del terrible terremoto llevaran vidas de privación y desesperación.

En tiempos normales, el hurto menor suele considerarse un delito. Nadie se siente agraviado. De no ser tenidos a raya, los hurtos menores podrían acaso llevar a situaciones en las que se multiplicaran los robos, etc., y se puede razonablemente argüir que, en tal caso, hay que represar la crecida de la ola. Pero nada de eso es particularmente relevante en un paisaje de terrible sufrimiento y muertes en masa.

Un buen número de tertulianos de programas radiofónicos y otro personal de los medios de comunicación todavía siguen indignados con que la gente cogiera televisores luego de que el huracán Katrina golpeara Nueva Orleáns en agosto de 2005. Desde que empecé a pensar y hablar con la gente sobre lo que pasa tras un desastre he oído muchas cosas sobre esos condenados televisores. Ahora bien; ¿qué es más importante? ¿Los televisores o las vidas humanas? La gente estaba muriéndose en tejados, en tórridos áticos y en pasos elevados, estaba abandonada a su suerte en todo tipo de terribles circunstancias en la Costa del Golfo en 2005, cuando los medios de comunicación dominantes comenzaron a obsesionarse con el saqueo, y el alcalde de Nueva Orleáns y el gobernador de Luisiana tomó la decisión de centrar sus esfuerzos en la protección de la propiedad, no de la vida humana.

La manipulación mediática llegó a tal punto, que una pandilla de hombres blancos del otro lado del río de Nueva Orleáns resolvió tomarse la justicia por su mano y comenzó a disparar. Aparentemente, consideraban criminales y ladrones a todos los negros, y dispararon sobre muchos. Parece que algunos murieron; había cuerpos desangrándose, expuestos al sol de septiembre lejos de la zona de las inundaciones; un buen hombre que trataba de salir de la ciudad en ruinas a duras penas logró sobrevivir. Y los medios miraron para otro lado. Me llevó meses poder simplemente cubrir esta historia. Esa pandilla de somatenes blancos decía estar protegiendo la propiedad, pero sus miembros nunca consiguieron demostrar que sus propiedades estuvieran amenazadas. Se jactaban de matar negros. Y compartían valores con los medios de comunicación dominantes y con las autoridades de Luisiana.

Ello es que, cuando la administración Bush subcontrató servicios privados de emergencia –como autobuses de evacuación en el caso del huracán Katrina— a ávidos amiguetes que sacaron suculentos beneficios de proporcionar prestaciones, caras, incompetentes y a destiempo en los momentos de máxima urgencia, no llamamos a eso saqueo. O cuando un puñado ricachones de Wall Street decidió jugar con una necesidad humana básica como la vivienda… Bueno, ya pilláis la idea.

Woody Guthrie cantó una vez que ―algunos te roban a punta de revólver, y otros, a punta de estilográfica‖. Los tipos del revólver (o de los machetes, o de las navajas) son más fotogénicos, y los tipos de la estilográfica no sólo no terminan en la cárcel, sino que acaban en McMansiones con garajes para cuatro automóviles, y a veces, elegidos –o designados— para algún alto cargo.

Aprender a ver en las crisis

En las pasadas navidades, el padre Tim Jones, de York, provocó una conmoción en Inglaterra cuando dijo en un sermón que el hurto en comercios y cadenas de supermercados podía ser un comportamiento aceptable en el caso de los desesperados. Ni que decir tiene, fue un escándalo. Jones dijo a Associated Press: ―Lo que digo es que cuando cerramos cualquier avenida socialmente aceptable a los necesitados, la única avenida que queda es una socialmente inaceptable‖.

Casi todas las réplicas se centraron en la cuestión de porqué mangar en los comercios una mala cosa, pero también se reiteró que no sirve para nada. Bueno, la comida le sirve al hambriento, un hecho tan patente, que resulta extraño hasta tener que enunciarlo. Los medios por los que se accede a ella son cuestión aparte. El debate siguió centrado más en el hurto que en la constatación de que en el verde y placentero paisaje de Inglaterra haya gente tan desesperada, que mangar en los comercios ha llegado a ser su única opción. Por no mencionar la cuestión de si el sufrimiento humano innecesario constituye ya por sí mismo un crimen.

Ahora mismo, el caso es que el pueblo de Haití necesita alimentos, y a pesar de toda la publicidad, el sistema internacional de distribución de víveres ha constituido hasta ahora un fiasco. Así las cosas, irrumpir en un almacén de víveres de la las Naciones Unidas –con comida presumiblemente destinada a los pobres haitianos en un momento catastrófico— podría no ser ―violencia‖, o ―saqueo‖, o ―violación de la ley‖. Podría ser pura lógica. Podría ser la vía más efectiva de satisfacer necesidades desesperadas.

¿Por qué había antes del terremoto tanta gente hambrienta en Haití? ¿Por qué tenemos un planeta que produce comida bastante para todos y un sistema de distribución que hace que mil millones de nosotros no tenga un acceso decente a esa abundancia? Son preguntas, cuya respuesta no admite demora.

Y todavía más perentorio: necesitamos compasión para quienes sufren en Haití y unos medios de comunicación que cuenten la verdad sobre ellos. Me atrevería a proponer pies de foto alternativos para el reportaje de Los Angeles Times, amodo de modelo para todos los desastres futuros:

Empecemos con la imagen del policía esposando al hombre de rostro angustiado: ―Ignorando que hay todavía millares atrapados bajo los escombros, un policía aborda a una víctima que cogió leche en polvo. En un Haití con millones de hambrientos, sigue sin haber una adecuada distribución de víveres‖.
¿Y qué hay del tipo con un rollo de tela a las espaldas?: ―Como en todos los desastres, la gente corriente muestra una extraordinaria capacidad de improvisación, porque telas como ésta se están usando para improvisar grandes sombrillas en Haití.

Para el policía abatido: ―El exceso de celo institucional a la hora de proteger la propiedad se cobra gratuitamente una víctima, como suele pasar en las crisis. Y mientras tanto, un sinnúmero de personas seguía atrapada entre escombros‖.
¿Y la muchedumbre de supuestos saqueadores?: ―Supervivientes imaginativos rescatan de entre las ruinas de su mundo los medios para sostener la vida‖.

Puede que este último pie no sea muy exacto, pero es más verosímil que el otro. Y lo que es de todo punto exacto en Haití ahora mismo, como siempre en la Tierra toda, es que la vida humana vale más que la propiedad, que los supervivientes de una catástrofe merecen nuestra compasión y la cabal comprensión de sus cuitas. Y que vivimos y morimos merced a palabras e ideas, y que es desesperadamente crucial servirse bien de ellas.

(*)Rebecca Solnit es la autora de A Paradise Built in Hell: The Extraordinary Communities that Arise Disaster y coautora, con su hermano David, de The Battle of the Story of the Battle of Seattle, una breve antología sobre cómo ese evento que cambió la historia ha sido tergiversado, con reproducciones de algunos de los documentos originales.

(Fuente: SinPermiso. Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro)

21.8.09

Honduras:55 días de Resistencia al Golpe

LAS MOVILIZACIONES PARA EXIGIR LA VUELTA DE ZELAYA CUMPLEN 55 DÍAS. EL PRESIDENTE DEPUESTO PODRÍA REGRESAR ANTES DEL 1º DE SEPTIEMBRE. ENTRE LAS 10 FAMILIAS QUE FINANCIARON EL GOLPE MILITAR, VARIAS SON DUEÑAS DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN


La investigadora de temas militares de la Universidad Nacional de Honduras, Leticia Salomón, asegura que el Golpe de Estado fue planeado y financiado "por un grupo empresarial" en el que los medios de comunicación tienen gran importancia. Salomón especifica que el grupo de empresarios está liderado por el ex presidente de Honduras y dueño del periódico La Tribuna, Carlos Roberto Facussé.

A su vez, afirma que este medio junto a los diarios La Prensa y El Heraldo y a los canales de televisión 2, 3, 5 y 9 "fueron los pilares fundamentales del Golpe".

La especialista también menciona a los dirigentes del Grupo Continental, Jaime Rosenthal y Gilberto Goldstein, quienes monopolizan la banca hondureña, la agroindustria y poseen medios de comunicación como el diario El Tiempo y Canal 11.

El resto de las familias que apoyaron el golpe contra Zelaya y que controlan el 90% de la riqueza que produce el país son: José Rafael Ferrari, Juan Canahuati, el financiero Camilo Atala, el maderero José Lamas, el empresario energético Fredy Násser, Jacobo Kattán, el industrial azucarero Guillermo Lippman , el constructor Rafael Flores. Y el magnate Miguel Facussé, que monopoliza el negocio de la palma aceitera y que en 1992 apoyó la compra de tierras a los campesinos a menos del 10% de su valor real.......
























Así pues, al golpe militar de Honduras están vinculados la cúpula empresarial, los cuatro partidos políticos aliados de la burguesía (Partido Liberal, Partido Nacional, Partido Demócrata Cristiano y Partido Innovacion y Unidad socialdemócrata), las jerarquías de las iglesias católica y evangélica y, como vimos, los dueños de los principales medios de comunicación.

Es significativo que sólo el estado de Israel ha reconocido al gobierno golpista, y ahora le presta asesoramiento policial y militar en la represión desatada , hecho denunciado y documentado por el Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en Honduras (CODEH), mientras que la práctica totalidad de gobiernos e instituciones del mundo lo han condenado.

La ultraderecha mundial, especialmente la latinoamericana, aplaude lo sucedido, ya que lo ven como una oportunidad de frenar los avances de la izquierda en la región.

55 días consecutivos de Resistencia


Las manifestaciones en Honduras contra el golpe militar del pasado 28 de junio cumplen 55 y los líderes de la resistencia aseguran que mantendrán las protestas el tiempo que sea necesario. "Esta es una batalla de cada día y se está consolidando el triunfo del pueblo", dice el coordinador general del Frente Nacional contra el golpe de Estado, Juan Barahona, al convocar a la manifestación de este viernes a que se espera la llegada de una caravana de vehículos procedentes del departamento central de Comayagua.

Este jueves, una multitudinaria marcha de más de cuatro horas recorrió ayer la capital de Honduras para exigir la restitución del estado de derecho y del presidente constitucional, Manuel Zelaya. "Se acerca el triunfo del pueblo, porque la resistencia no es sólo en la capital, sino en los 18 departamentos del país", dijo Barahona en un mitin, celebrado a unos 300 metros del cuartel general de las fuerzas armadas.

Las movilizaciones durante los 55 días de la Resistencia contra el Golpe se financian con aportes de personas de diversos estratos, afirman los dirigentes, en respuesta a la fiscalía que investiga si reciben dinero del gobierno de Venezuela y de la guerrilla colombiana de las FARC.

Los golpistas acusan a los integrantes del Frente Nacional de Resistencia contra el Golpe, integrado por maestros, sindicalistas, estudiantes, campesinos y militantes de izquierda, de recibir fondos del presidente venezolano Hugo Chávez y de la guerrilla colombiana."Aquí las FARC o Chávez no tienen que ver nada. Las organizaciones están financiando a su gente, y a los que no están organizados aquí se les da su comidita y agua de las donaciones del pueblo, que está bien identificado con nuestra lucha", afirma Juan Barahona.

El núcleo del Frente lo forman seis poderosos sindicatos magisteriales, con 50.000 afiliados, y las tres centrales obreras, que agrupan más de medio millón de trabajadores.

Radio Globo, simpatizante del Frente de Resistencia, realiza una campaña para recolectar alimentos, agua, ropa, zapatos y medicinas, para lo cual ha abierto un almacén al este de la ciudad."Lo que están haciendo es una gran cosa para ayudar a la gente que está luchando para que regrese la democracia al país, con el regreso del presidente Zelaya", dice Alba Luz Martínez, quien llegó para entregar 50 bolsas de agua y bultos de ropa usada.

"Así como ella, viene mucha gente, aquí no paran de llegar", afirma satisfecho Gilberto Gale, uno de los coordinadores de la bodega. "Pero nos están haciendo falta medicamentos para vómitos y diarrea", reconoce."Si esta gente anduviera con dólares venderíamos todo en un instante. Aquí vemos que la gente le viene a dejar burritas (comida). Esta gente anda aquí porque cree en su lucha", asegura Fredy Moncada, quien acompaña a las marchas vendiendo sombreros.

Una de las causas que enarbolan los golpistas para el derrocamiento de Zelaya es que era un "títere" de Chávez y pretendía llevar a Honduras "la revolución del siglo XXI", a través de la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA).


Movimiento campesino hondureño continúa firme en la resistencia

Organizaciones campesinas hondureñas, miembros de la Vía Campesina Internacional, mantienen tomadas las instalaciones del Instituto Nacional Agrario (INA), desde que se dio el golpe de Estado en Honduras; además las y los campesinos están integrados desde un principio en las múltiples acciones que realiza el frente de resistencia, porque, según sus dirigentes, las y los campesinos son los más afectados con todo este deterioro que ha sufrido la democracia hondureña.
Concepción Betanco Secretaria General de la Confederación Hondureña de Mujeres Campesinas (CHMC) explica: "Nosotros estamos en esta lucha por que el gobierno de Manuel Zelaya aprobó el decreto 18-2008 para sanear la mora agraria en el país y otros beneficios para las y los campesinos." Con este decreto se titularían las tierras a favor de muchos grupos campesinos que llevaban dos o más años de estarlas ocupando. El Instituto Nacional Agrario estaba empezando a entregar los primeros títulos de propiedad a los campesinos, cuando vino el golpe de Estado.

Concepción añade que los campesinos no están dispuestos a entregar el Instituto - tomado hace semanas - a las autoridades nombradas por el gobierno de facto hasta que se restablezca el orden constitucional. Las organizaciones campesinas siempre estuvieron en diálogo permanente con el presidente Zelaya y fue producto de este dialogo que se logró acuerdos importantes en beneficio del campesinado.

Zelaya podría regresar antes del 1 de septiembre


El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, regresará a su país antes del 1 de septiembre, según lo anunció Beatriz Valle, viceministra del gabinete de Gobierno derrocado.

En declaraciones desde Tegucigalpa, la viceministra indicó que “se equivocan quienes creen que el presidente Zelaya no volverá al país, él estará regresando antes del 1 de septiembre” y agregó que éste no había renunciado “al cargo que el pueblo le ha otorgado”, en respuesta el presidente golpista Roberto Micheletti, quien días antes aseguró que Zelaya no quería volver al poder.
Previamente, Zelaya anunció desde Lima, después de reunirse con el mandatario peruano, Alan García, que su “regreso es inminente” a pesar de que Micheletti ha amenazado con arrestarle. “Yo no puedo renunciar a eso y no puedo aceptar vivir desterrado, no tengo ningún proceso judicial, ninguna sola falta, ninguna sentencia”, dijo en la rueda de prensa.

La viceministra Valle denunció que altos funcionarios del gobierno de Zelaya “siguen siendo amenazados por el régimen de Roberto Micheletti" y añadió que ella es una de las que está siendo acosada con mensajes a su correo electrónico y a su teléfono móvil.

En Honduras no hay libertad de expresión, según la ONU


El Relator Especial sobre Libertad de Opinión y Expresión de la ONU, Frank La Rue, afirma que en Honduras "no existe libertad de expresión para criticar a las autoridades de facto".

La Rue hizo público un comunicado tras haber visitado de forma no oficial la capital hondureña, Tegucigalpa, los días 3 y 4 de agosto. A partir de entrevistarse con comunicadores de diversas posiciones y con organizaciones defensoras de los Derechos Humanos, el relator de la ONU concluyó que "no se permiten las manifestaciones libres de quienes denuncian el Golpe de Estado y piden el retorno del Presidente Zelaya". A su vez, La Rue remarcó que "no existe una forma sistemática de documentar los hechos, las detenciones ni lo casos de exceso de fuerza o de tortura". Por ello, afirmó que "ni el pueblo hondureño ni la comunidad internacional tienen acceso a información objetiva". Al respecto el relator sobre Libertad de Expresión explicó que los camarógrafos y fotógrafos que intentan documentar los hechos son "blanco específico de agresión policial, sufriendo golpes y la confiscación o destrucción de sus cámaras o del material filmado".


Al mismo tiempo, La Rue consideró que la estrategia del régimen es "ganar tiempo" hasta la fecha de las elecciones, en noviembre. Sin embargo, compartió la opinión de varias organizaciones de la sociedad civil que manifestaron que "no se puede realizar un proceso electoral sin un mínimo de legitimidad democrática". Y agregó que esta legitimidad "implica el restablecimiento de la institucionalidad democrática garantizando plenamente la libertad de expresión y la libertad de prensa".

Finalmente, el relator consideró que "la impunidad de un Golpe de Estado en cualquier país de América Latina atenta contra la democracia en el todo el Continente".

AUDIO:Frank La Rue, Relator de la ONU en Radio Globo archivo mp3

Periodistas presentaran pruebas de violaciones

El Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL), organización que trabaja en la defensa y la promoción de los derechos humanos en el continente americano, se reunió este jueves en San Pedro Sula, con periodistas de la costa norte que desde el 28 de junio, fecha en que se produjo el golpe de Estado, han sido víctimas de la represión por parte del gobierno de facto.
Producto de la brutalidad con que actúa el ejército y la policía al momento de ejecutar el desalojo de las manifestaciones pacificas, muchos periodistas en todo el territorio nacional han tenido que soportar atropellos a sus derechos humanos. Detenciones arbitrarias, golpizas, amenazas, encarcelamientos, humillaciones y hasta el decomiso y destrucción de equipo y materiales de comunicación, forman parte de los abusos en contra de libertad de prensa provocados por el gobierno de facto encabezado por Roberto Micheletti.

"Estamos transmitiendo en vivo para Radio Progreso y vemos la brutalidad de la policía en contra de los manifestantes, dos elementos uno de la policía y otro del ejercito tratan de manera despectiva la bandera nacional, un policía ha tirado una bomba adentro de una casa y en este momento un elemento está sacando su arma y me está siguiendo, ahora son tres. Hermano soy de un medio de comunicación, en este momento me están quitando mi celular" relataba angustiosamente Gustavo Cardoza, reportero de Radio Progreso, que el viernes 14 de agosto, transmitía desde Choloma Cortes, las incidencias de la represión a una manifestación pacífica llevada a cabo en contra del golpe de Estado.

A pesar de haberse identificado como reportero de Radio Progreso, Cardoza, fue salvajemente golpeado y detenido por la policía. Las atrocidades cometidas por los órganos represivos del Estado no ocupan espacios en los medios de comunicación nacional, que hasta hoy siguen mostrándose de manera parcial a favor del régimen de facto y mantienen en el anonimato las violaciones a los derechos humanos, que en nombre de la paz y la democracia cometen los encargados de mantener el orden público.

CEJIL es una organización no gubernamental sin fines de lucro con estatus consultivo ante la OEA y la ONU y con calidad de observador ante la Comisión Africana de Derechos Humanos. El objetivo principal de CEJIL es asegurar la plena implementación de normas internacionales de derechos humanos en los Estados miembros de la OEA, mediante el uso efectivo del sistema interamericano de derechos humanos y otros mecanismos de protección internacional.

(Fuentes: Agencia PÚLSAR, GomeraVerde,Prensa Latina, AFP, LibreRed y Adital-Vía Campesina)

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