







Agencia NOVA
Por Guillermo Almeyra (*)


Pero en diciembre del 2001, ante el congelamiento de los depósitos bancarios de los pequeños ahorristas y el derrumbe de la credibilidad en los partidos tradicionales, una parte importante de las clases medias urbanas se opuso a la corrupción al grito de “¡que se vayan todos!” y dio su apoyo a los desocupados con la consigna de “¡piquetes y cacerolas, la lucha es una sola!”. El gobierno de Néstor Kircher, tras varias vicisitudes, fue el resultado de este nuevo acercamiento entre los sectores populares. Sin embargo, la rápida recuperación económica y el alto precio de las materias primas agrícolas transformaron a los ex colonos y arrendatarios en rentistas que alquilan sus campos a grupos financieros que explotan la soya y con sus ganancias extraordinarias compran o construyen casas en las ciudades convirtiéndose en especuladores inmobiliarios y financieros. Y las clases medias urbanas reforzaron su afán de diferenciarse de “los negros”, “los grasas” (los obreros y los desocupados y el subproletariado urbano) que, según ellas, son subsidiados por el gobierno, olvidando el “que se vayan todos” para pensar sólo en su bolsillo. De este modo se formó un bloque entre el capital financiero internacional y nacional, los grandes exportadores de granos, la vieja oligarquía terrateniente, las grandes industrias extranjeras y la mayoría de las clases medias urbanas y rurales.
El proyecto aprobado ratifica el esquema gubernamental de tributos móviles a las exportaciones de soja y cereales, que aumentó de 35% a 47% los aranceles, que se ajustan según el precio internacional de los granos.
El oficialismo aceptó incluir modificaciones que tienden a compensar con reintegros a los pequeños y medianos productores frente a los grandes pooles sojeros.
Así, quienes exporten hasta 300 toneladas al año pagarán 30% de retenciones (impuestos) y hasta 750 toneladas al año, 35%, lo que beneficiará a entre el 85% y 90% de los productores, según el presidente del bloque oficialista, Agustín Rossi.
División en el kirchnerismo
Durante tres semanas de puja parlamentaria, el oficialismo tuvo complicaciones para conciliar posiciones en su propio seno y con sus aliados.
Qué duro es ver la furia ruralista al amparo de reyes sojeros como el Grupo Grobocopatel. Qué duro es ver el rostro reseco de Doña Juana expulsada, de doña Juana sin tierra, de doña Juana con sus muertos bajo la soja. Qué duro es ver que se cortan las rutas para que China y Europa no dejen de tener soja fresca, y para que Monsanto no deje de vender sus semillas y susagroquímicos.
Qué duro es observar cómo se extingue el campesino que convivía con el monte, y cómo lo reemplaza una gran empresa agrícola que empieza irónicamente sus actividades destruyendo ese monte. Qué duro es ver que el monocultivo de la soja refleja el monocultivo de cerebros, la ineptitud de los funcionarios públicos y el silencio de la gente buena. Qué duro es comprobar que las cacerolas relucientes son más fáciles de sacar que las topadoras y el monocultivo. Qué duro es comprobar que en nombre de las exportaciones se violan todos los días, impunemente, los derechos de generaciones de Argentinos que todavía no nacieron. Qué duro es ver las imágenes por televisión, los piquetes y las cacerolas mientras las almas sin tierra de los campesinos y los indígenas no tienen imágenes, ni piquetes, ni cacerolas que los defiendan.
Qué duro es comprobar que estas reflexiones escritas a medianoche solo circularán en la casi clandestinidad mientras Monsanto gira sus divisas a Estados Unidos, mientras las topadoras desmontan miles de hectáreas en nuestro chaco semiárido para que rápidamente tengamos 19 millones de hectáreas plantadas con soja, y mientras miles de niños argentinos duermen sin saber que su sangre tiene plaguicidas, y que su país alguna vez tuvo bosques que fabricaban suelo y conservaban agua.
-Mirta Masid, Departamento de Historia,Universidad Nacional de Mar del Plata (Argentina).


Pero los agrarios parecen indicar el mismo camino. Así el dirigente de la Federación Agraria de Gualeguaychú, Alfredo De Angeli, sostuvo en tono desafiante que “Si hace falta nos vamos a quedar acá cien días más”. De Angeli dio también una idea de por donde anan las intenciones de los dirigentes del empresariado agraro: “¿Quién me puede obligar a vender mis granos? Podemos estar sin venderlos todo el tiempo que sea necesario”, señaló


La comisión que lidera la protesta, integrada por las Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Confederación Intercooperativa Agropecuaria (CONINAGRO), Federación Agraria Argentina (FAA) y la Sociedad Rural Argentina (SRA), respondió con un comunicado en el que señala que "deben decidir las acciones a seguir sin caer en lo que consideramos una provocación".
Las grandes empresas sojeras nacionales e internacionales están manipulando y presionando para torcer el brazo del gobierno por las retenciones fiscales.Ganan millones pero no se conforman, quieren más, más y más, no les interesa el daño ambiental, las consecuencias de los monocultivos y la reducción de los bosques naturales, el uso indiscriminado de los agro-tóxicos, para la salud y la alimentación de la población.El gobierno en todo esto fue permisivo, ambicioso con tal de lograr más retenciones del agro. Por lo tanto son socios en generar la desgracia ajena y hoy están enfrentados a ver quien se queda con el pedazo mas grande de la torta.No hay un proyecto de país que permita regular los recursos naturales y prever políticas a corto, mediano y largo plazo, en un desarrollo sostenible y de respeto a la Madre Naturaleza. Están vendiendo el país al mejor postor con total impunidad. Confunden desarrollo con explotación y son como las termitas, devoran todo lo que encuentran al paso.Si lo que digo es mentira, me gustaría que lo desmientan con hechos concretos y no con discursos vaciados de contenido. Basta ver cómo se han reducido las áreas de cultivos para alimentar al pueblo y como el 95 % de la soja es para exportar y llenar sus bolsillos. Están cerrando los tambos y las áreas de cultivos para alimentos, que se reducen día a día.Otros actores, en este escenario conflictivo, son los pequeños y medianos productores rurales que integran la Federación Agraria Argentina, a quienes siempre hemos acompañado solidariamente porque son campesinos que ponen el hombro y el alma en el trabajo del campo. Pero tenemos que decirlo, nos preocupa que hoy son aliados de los terratenientes y de las grandes empresas transnacionales que están destruyendo el medio ambiente y transformándonos en un país sojero y que su ambición va dejando un territorio devastado por la especulación financiera.En éste triste escenario el que sufre las cachetadas es el pueblo argentino, sujeto a los vaivenes del conflicto y debe soportar el desabastecimiento, el aumento de precio de los productos, las tensiones sociales y aquí no faltan quienes pretenden especular.