Saharauis, los ojos del desierto

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6.7.09

Honduras:Masacres Golpistas

ZELAYA ADVIERTE QUE LOS ASESINOS "PAGARÁN POR CADA VÍCTIMA". DOS MUERTOS EN EL AEROPUERTO Y DOS CENTENARES DE HERIDOS . LOS ESCUADRONES DE LA MUERTE INTENTAN DESHACER LA RESISTENCIA MEDIANTE LA GUERRA SUCIA


El Presidente de Honduras, Manuel Zelaya, fracasó en su intento de regresar a su país para recuperar la Presidencia, cargo de la que fue desalojado una semana antes mediante un golpe de estado. Los militares golpistas obstaculizaron la pista del aeropuerto al tiempo que desencadenaron una violenta represión, matando al menos a dos personas, uno de ellos menor de edad (16 años) e hiriendo a centenares de los miles y miles de personas que se manifestaban para dar la bienvenida al Presidente legítimo Manuel Zelaya.

El avión que transportaba desde Washington a Zelaya y al presidente de la Asamblea General de la ONU, Miguel D'Escoto, sobrevoló dos veces el aeropuerto de Toncontín, pero los militares desplegaron carros blindados en la pista y no pudo aterrizar, por lo que emprendió vuelo a Managua. Desde el avión, el presidente hondureño habló con la cadena Telesur y pidió que prosiga "la rebelión social contra el gobierno golpista" y que insistirá "mañana o el martes" en su retorno al país. El mandatario viajó después a El Salvador, donde le esperaban Insulza, Secretario General de la OEA y los presidentes de Argentina, Cristina Fernández, de Paraguay, Fernando Lugo, y de Ecuador, Rafael Correa.

La sanguinaria represión se produjo en los alrededores del aeropuerto de Tegucigalpa cuando miles de partidarios de Manuel Zelaya intentaban llegar a la terminar e invadir la pista de aterrizaje para permitir que el avión del derrocado presidente pudiera aterrizar. La multitud rompió el cordón militar y penetró en la zona sur de la pista de aterrizaje. Los soldados lanzaron gases lacrimógenos e hicieron disparos para dispersar a los airados manifestantes. El Gobierno quitó la señal de CNN que transmitía en directo los enfrentamientos e impuso una cadena de radio y televisión para bloquear la información.

Los enfrentamientos se recrudecieron cuando el avión de Zelaya se aproximaba al espacio aérea hondureño. Durante horas, los soldados tuvieron que lanzar gases lacrimógenos para contener a los airados manifestantes. El Ejército tuvo que enviar refuerzos para que la tropa no fuera desbordada.



“¡Queremos a Mel (Manuel Zelaya)!, ¡Que vuelva Mel!”, “Fuera los traidores golpistas”, gritaban miles de seguidores del derrocado presidente hondureño. Las canciones y consignas eran animadas con arengas del tipo “¡Pueblo únete!” y “Fuera el gorilón de Micheletti”. Luther Castillo, líder de movimientos sociales, dijo: “Hoy es un día importante, de resistencia contra el golpe, los comités funcionan, vamos a marchar con valentía. Los compañeros no tienen miedo, estamos aquí para recibir a Zelaya".
Varios centenares de campesinos procedentes de Olancho, Choluteca, San Pedro Sula, Cortés y El Progreso tuvieron que sortear numerosos controles militares para llegar a Tegucigalpa. Antonio Perdomo tardó cuatro días en recorrer los 550 kilómetros que separan su tierra natal, Lempira, de Tegucigalpa. El Ejército intenta evitar a toda costa que los partidarios de Zelaya se concentren en la capital para exigir su regreso.

“Venían 80 autobuses y poncharon (desinflaron) las llantas”, dice un joven agricultor. Para sortear los retenes de los soldados en las carreteras, los incondicionales de Zelaya mostraban pancartas con frases favorables al presidente de facto Roberto Micheletti. Con este sencillo truco hacían creer a los militares que apoyaban al Gobierno y pasaban sin dificultad.

Zelaya advierte: «pagarán por cada víctima»



"Los hechos violentos que se registraron en horas de la tarde de este domingo se sumaron a la vergüenza del Gobierno de facto hondureño, porque representa un irrespeto a todos los derechos humanos. El Estado no puede promover hechos violentos, por tal motivo, ellos pagarán cada una de las víctimas que haya", denunció el presidente Zelaya, en rueda de prensa en San Salvador. El mandatario hondureño añadió que un gobierno que se atreva a disparar contra su pueblo no merece mantenerse en el poder, porque los criminales no pueden manejar un país. Asimismo, envió palabras de condolencias a los familiares de las víctimas, al tiempo que refirió que hará el esfuerzo necesario porque esos asesinatos no queden impunes.

Y pidió a los hondureños que sigan luchando. "No pierdan la esperanza, nunca la fuerza va a tener la capacidad de vencer la búsqueda de la paz (...) y mientras existan personas de la calidad, de la prestancia de sostener ese valiosísimo bien de la democracia, que no son los militares, ni las élites, sino el pueblo (...) eso nos da una esperanza de que el mundo va a seguir mejorando", aseguró.

"Me da dolor ver como los militares levantan sus armas en contra de un pueblo desarmado que simplemente están luchando porque se establezca el orden constitucional en esa nación", declaró
Zelaya.

Exhortó a los militares a que depongan sus armas y no las utilicen en contra del pueblo pues, indicó, que las armas deben ser apuntadas hacia aquellos que exprimen al pueblo, no a los pueblo que luchan por la democracia. "Llamo a las Fuerzas Armadas de Honduras a que bajen sus rifles. Yo llamo a los soldados de la patria
que nacen de las propias entrañas del pueblo y los llamo con el grito de batalla que hizo el arzobispo Arnulfo Romero aquí en El Salvador cuando decía: 'Soldados ustedes son hijos de El Salvador no maten, no persigan a los propios salvadoreños'. Yo también hago lo mismo emulando al arzobispo. En nombre de Dios, soldados de la patria hondureña, policías, en nombre de Dios les pido, les suplico y les ordeno: no reprimam más al pueblo hondureño".

Zelaya sostuvo que no lucha por el cargo de presidente de Honduras, sino por la dignidad del pueblo hondureño. "En el sentido de que vamos a seguir luchando, eso es lo que no se debe dudar. Hay una dignidad, no luchamos por un puesto, porque no es por ser presidente, más quisiera ser periodista igual que ustedes", explicó.

"Este es un golpe de la derecha, condenen en nombre de sus hijos este embrutecimiento de parte de la derecha, que quiere sectarizarse de nuevo, en contra de un pueblo inocente, un pueblo pobre que simplemente demanda transformaciones, pero por pedir transformaciones nos han dado un golpe de Estado", sentenció .

Zelaya estuvo acompañado ante la prensa por los presidentes de Ecuador, Rafael Correa; Argentina, Cristina Fernández; Paraguay, Fernando Lugo, El Salvador; Mauricio Funes; el secretario general de la Organización de Estado Americanos (OEA), José Miguel Insulza y el
presidente de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Miguel D'Escoto.

El ejército secuestra a jóvenes en comunidades pobres




Los golpistas emnFuerzas Armadas de Honduras aumentan en los últimos días el nivel de violencia contra la población, asesinando ciudadanos, secuestrando jóvenes y ametrallando autobuses llenos de simpatizantes del Presidente Constitucional Manuel Zelaya Rosales, según las denuncias de la red de comunicación del Frente de la Resistencia Popular (FRP), y del Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en
Honduras (COFADEH).


Así, el pasado martes a las 2 de la madrugada, los militares allanaron y secuestraron jóvenes en comunidades rurales del Departamento de Olancho, de donde es originario Zelaya, para reclutarlos a la fuerza y evitar que se sumen a las protestas contra los golpistas. “Muchos de los jóvenes han salido a huir a los montes y montañas, en donde están sufriendo persecución de los uniformados, hasta donde hay desplazamientos militares para perseguirlos”, denuncia COFADEH.

La organización humanitaria sostiene que los militares “han violentado flagrantemente los derechos humanos; los militares han llegado casa por casa, según la denuncia que nos ha llegado de las comunidades de Guacoca, San Francisco de La Paz, Guarizama y Salamá, que relataron que el avance de las violaciones se extiende a todo el Departamento”.

Por otro lado, tanto en el centro como en el norte de Honduras, los usuarios de la telefonía celular reciben mensajes en los que se piden donaciones económicas para las Fuerzas Armadas, que fueron movilizadas a las fronteras “para defender al país de una invasión probable”. "Ellos (los militares) no nos defraudaron, ahora no los defraudaremos a ellos”, agrega el mensaje.

El FRP asegura que tres brigadas del Ejército se han unido en el norte del país a las protestas. Se trataría de Brigada 105 de Puerto Cortés, la Brigada de Catacamas y la de La Ceiba.


Los paramilitares persiguen a dirigentes populares


Escuadrones de la muerte, organizados por las fuerzas golpistas, persiguen a dirigentes populares en la costa norte hondureña para apagar la voz de protesta contra el gobierno golpista de Roberto Micheletti.

Hugo Maldonado, presidente del Comité de los Derechos Humanos, en San Pedro Sula, informa que armados merodean su vivienda y la de otros líderes populares. "Tengo informes que ya tienen casas, propiedad de particulares, para mantener presos de los dirigentes que detengan", dice Maldonado. El dirigente solicitó a la ONU intervenir inmediatamente antes de que el país se convierta en un escenario de cacería humana.
Por las tardes, después de las manifestaciones pacíficas diarias en San Pedro Sula en favor espera del presidente legítimo Manuel Zelaya, los escuadrones de la muerte persiguen a los líderes, según el activista de derechos humanos. "Estamos en una situación que es peor a la que vivimos en la década de los ochenta, cuando muchos de los militares, que forman parte del gobierno golpista, desparecieron a muchos hondureños", recuerda Maldonado.


Un total de 651 personas en Honduras han sido detenidas oficialmente desde la imposición por los golpistas del toque de queda, el domingo 28 de junio. De acuerdo con el diario La Tribuna de Honduras, el domingo 5 de julio, fueron detenidas 278 , cifra a la que se suman 373 personas que fueron detenidas los días precedentes del fin de semana (viernes 03 y sábado 04 de julio).

Como asegura en un programa especial Radio Tierra de Chile, el golpe en Honduras es para defender un régimen capitalista cuyos resultados son 63% de pobreza, 45,6% de indigencia y la mitad de los niños entre tres y cinco años víctimas de desnutrición severa. Honduras fue una república bananera, colonia estadounidense de facto hasta los años ochenta: primero ocupada por tropas de EE UU y luego base de la Contra antisandinista. Esta emisora, en enlace con las radios comunkitarias hondureñas, ha logrado romper el cerco informativo impuesto por los golpistas.(Para ESCUCHAR descarga el programa )


La conversión de Manuel Mel Zelaya


Por Luis Hernández Navarro(*)


Manuel Mel Zelaya mide casi 1.90 de estatura, tiene un espeso bigote negro, usa sombrero de ala ancha y calza botas vaqueras. Hijo de terratenientes, estudió la carrera de ingeniería civil, pero no la terminó. Antes de involucrarse en política se dedicó a hacer exitosos negocios forestales y ganaderos. En 1987 fue nombrado directivo del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) y presidente de la asociación gremial de los madereros.

Mel ingresó en 1970 al Partido Liberal Hondureño (PLH), organización de amplia y documentada trayectoria anticomunista, con el que fue diputado en varias ocasiones y desde donde ocupó diversos cargos públicos. Los liberales y el Partido Nacional de Honduras (PNH) son las dos principales formaciones partidarias, entre las cinco existentes. Sin embargo, a la hora de gobernar, no hay entre ambos discrepancias esenciales. “Lo único que los diferencia –asegura un dirigente obrero– es el color de las banderas: una es azul y la otra roja y blanco.”


En 2006, Manuel Zelaya tomó posesión como presidente de Honduras. Durante la campaña se presentó como un genuino y honrado hombre de campo, de palabra directa y franca, desligado de la clase política tradicional, creyente temeroso de Dios, dotado de mano firme para combatir la corrupción, campechano, aficionado a tocar la guitarra y a montar caballos. Dispuesto a satisfacer las peticiones de democracia participativa y reforma política, reivindicó el poder ciudadano.


Ya como mandatario, apoyó el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (CAFTA, por sus siglas en inglés), en medio de fuertes protestas en su contra. Ello no le impidió acercarse al gobierno de Hugo Chávez y formar parte de Petrocaribe, alianza en materia petrolera signada por varios países caribeños para adquirir combustible venezolano en condiciones de financiamiento preferencial, pagando 50 por ciento en un plazo de 90 días y el resto en 25 años, con una tasa de interés de uno por ciento.


Con el paso del tiempo, su discurso político combinó su adscripción al liberalismo socialista (“para que todos los beneficios del sistema vayan allá, donde más se necesitan: las mujeres, los hombres, los niños, los campesinos, los productores”), la crítica al intervencionismo estadunidense, el apoyo a Cuba y las invocaciones a Dios.


Al frente de una nación extremadamente pobre y sin cohesión social, con un gobierno descapitalizado, y con grandes dificultades para obtener financiamiento internacional, Zelaya coronó el pastel de su conversión ideológica incorporándose a la Alternativa Bolivariana para las Américas y el Caribe (Alba). La propuesta de integración regional de los países de América Latina y el Caribe, impulsada originalmente por Cuba y Venezuela, que pone énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social, le permitió, según Pavel Uranga, obtener dinero rápido para atender las demandas del país.


En un primer momento, el alejamiento del presidente Zelaya con la oligarquía no fue necesariamente bien recibido por amplios sectores del movimiento popular hondureño. Según el luchador social Lorenzo Reyes, ni él ni la mayoría de sus compatriotas dieron ninguna importancia al hecho de que Zelaya visitara Nicaragua u otros países, ni que hablara con Chávez o con cualquier líder mundial de izquierda, porque al fin y al cabo lo hacía como diversión o rélax, ya que al final no cambiará su ideología de derecha. “Para el pueblo –asegura– y para nosotros como Movimiento Popular no significa nada porque en Honduras el hombre no se define: un día dice cosas de derecha, otro día actúa un poco sesgado a la izquierda y está en dos aguas… es decir, no es de aquí ni de allá.”


El movimiento popular hondureño tiene, desde hace muchos años, un vigor y un protagonismo notable. Integrado por sindicatos clasistas, organizaciones campesinas, pueblos indígenas, asociaciones de profesionistas y estudiantes, surgidos, en parte, del trabajo organizativo de grupos de la teología de la liberación y de la izquierda revolucionaria, se ha dado a sí mismo instrumentos unitarios como el Bloque Popular. Durante los primeros 32 meses de gobierno, Zelaya enfrentó, cuando menos, 722 conflictos sociales de diversa magnitud, incluido los paros cívicos nacionales de 2008, que paralizaron al país por demandas como el control de los precios de la canasta básica, la no municipalización de los proyectos de agua potable y la aprobación de un aumento general de salario.


Lejos de circunscribirse a la lucha por sus reivindicaciones inmediatas, el movimiento posee una visión de cambio social profunda. Como ha señalado Rafael Alegría, coordinador de la Vía Campesina Centroamericana, “los movimientos sociales tenemos el derecho de construir un nuevo ordenamiento jurídico que favorezca a todos los sectores sociales del país que siempre han estado excluidos y marginados. Por lo tanto, nos pronunciamos en favor de la consulta popular. La nueva Constitución debe servir para refundar el Estado y darle todo el poder al pueblo, que es el soberano”.


Este movimiento ha cambiado, desde abajo, la correlación de fuerzas y creado una situación inédita. Son sus integrantes quienes han salido a la calle a defender a un presidente dispuesto a emprender la ruta de la transformación social. En mucho, la conversión de Zelaya es producto de la presión popular en el marco de un nuevo contexto regional. En un país en el que los dos principales partidos se distinguen sólo por el color de sus emblemas, las organizaciones populares han apostado por la construcción una nación realmente diferente: una que abandone la ruta del neoliberalismo. En el camino, hicieron de su presidente un político distinto al que era cuando llegó al poder.


(*)Luis Hernández Navarro es un analista político mexicano que escribe regularmente en el diario La Jornada. Este artículo fue publicado el pasado 30 de junio por ese mexicano.

(Fuentes:ANSA-Latina, RadioLaPrimerísima-Managua, La Vanguardia-Barcelona,Vientos del Sur, IPS, Radio Tierra-Chile y La Jornada-México)

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