
Después de la millonaria asignación de recursos para tapar el bochorno del Transantiago vino la vergonzosa decisión del Gobierno de fijar en una más que discreta cifra el salario mínimo. Casi 300 millones de dólares de bonificación para los bancos y empresas operadoras del fracasado sistema de movilización colectiva capitalino; apenas unos pesos de reajuste al salario de unos 800 mil campesinos y obreros chilenos que con sus familias constituyen los sectores más pobres e indigentes. De esta forma, el "Gobierno Ciudadano" rinde prueba de su irreductible compromiso con la economía neoliberal y le da un portazo a la esperanza que muchos teníamos en cuanto a que Michelle Bachelet torciera el rumbo diseñado por la Dictadura y aplicado rigurosamente por los gobiernos de la Concertación.
No es cuestión de recursos, sino de compromiso ideológico con el modelo vigente. A esta altura, el socialismo o el social cristianismo que dicen profesar quienes nos gobiernan desafina tanto como el republicanismo de Pinochet. Escandaliza, incluso, a los dirigentes de la derecha, cuyo senador más pudoroso ha propuesto un "salario mínimo moral" que los empleadores paguen efectivamente a sus trabajadores, por sobre la mezquina cifra dispuesta por el Zar de nuestra Hac
ienda Pública. Sabemos, por supuesto, que nuestros recursos públicos no son ilimitados. Seguimos siendo un país exportador de productos básicos, con poco o nada de valor agregado y absolutamente dependiente del precio internacional del cobre, como de que nos provean energía del otro lado de Los Andes. Sin embargo, nos damos cuenta que el reiterado superávit fiscal puede permitirnos inversiones sólidas y corregir las escandalosas desigualdades en el ingreso y calidad de vida de nuestra población. Una magnífica oportunidad para que el país se dote de nueva infraestructura, invierta en una severa reforma educacional, emprenda actividades que den trabajo y recuperen para los chilenos los millonarios dividendos que cobra la inversión extranjera que explota inicuamente nuestros yacimientos, recursos hídricos, forestales y servicios básicos.Con la bonanza, en cambio, lo que hemos visto es el dispendio, la malversación y la degeneración de nuestra política. Desde los sobresueldos que se les descubrieron a los ministros, las concesiones fraudulentas del Ministerio de Obras Públicas, los desvíos de fondos de los planes de empleo y fomento del deporte... hasta las descarriadas operaciones en Ferrocarriles y
otras instituciones y empresas del Estado. Dietas de 8 o más millones para los parlamentarios y jueces, mientras que el salario mínimo se fija en 144 mil pesos; utilidades bancarias que superan los porcentajes de las economías más sólidas del mundo, a expensas del crédito usurero que otorgan a quienes integramos una de las naciones más endeudadas de la Tierra. Cientos de miles de pequeños y medianos empresarios ahogados por un sistema diseñado y ejecutado en beneficio de "los peces gordos" y de sus operadores en el Gobierno y los otros poderes del Estado. Cuya tarea, como se comprueba, es hacer incluso "vista gorda" a los horrores que cometen contra el medio ambiente.Lo curioso es que nos está sobrando dinero para financiar campañas políticas millonarias, salir al rescate de los empresarios inescrupulosos, dotar de más onerosas y mortíferas armas a los militares, encarcelar a los niños que delinquen y vender en el mundo nuestra "imagen país" como la copia feliz del Edén. El propio Zar se ha preguntado qué hacer con tanto dinero sin afectar los sacrosantos equilibrios macroeconómicos que se fundan, ciertamente, en la NECESIDAD de que los trabajadores gane
n muy poco para garantizar las suculentas utilidades de los exportadores dentro de la terrible competitividad de los mercados. Que los políticos se repartan un pastel sabroso al servicio de los que tienen y quieren todavía más. Que las cortes y la policía tengan recursos para reprimir el descontento y garantizar la impunidad de explotadores, asesinos y corruptos. Que el periodismo y los intelectuales no vigilen a la autoridad ni creen expectativas sociales. Más bien velen por los fundamentos ideológicos de quienes se enseñorean, gobiernan y cogobiernan este país llamado Chile.(*)Publicado en el quincenal chileno El Periodista.






















Brasil, que domina la técnica del enriquecimiento del uranio, está a un paso de producir gas nuclear, con lo cual controlaría la totalidad del ciclo de ese combustibleinformó el Comandante de la Marina, Julio Moura.. Actualmente, el uranio inicialmente procesado y concentrado (yellowcake o urania), es enviado a Canadá, donde se lo somete al proceso de gasificación previo al enriquecimiento. Pero la Marina podría romper esa "dependencia" ya en 2008, a condición de recibir un aporte de apenas 20 millones de reales (menos de 10 millones de dólares) para completar el proyecto, dijo Moura en una entrevista con corresponsales extranjeros en Brasilia. "La transformación del yellowcake en gas, en lo que respecta a la Marina, es algo rápido: dependemos de 20 millones de reales. Considero que el ciclo del combustible ya está prácticamente dominado y eso será un beneficio muy grande para el país: la no dependencia", afirmó. Brasil ya domina el proceso de enriquecimiento, con centrifugadoras de fabricación propia, que podrían empezar a producir a escala comercial en los próximos dos o tres años. El objetivo es abastecer en combustible las dos centrales nucleares generadoras de electricidad en funcionamiento -Angra I y II- así como Angra III (todas en el estado de Rio de Janeiro), a la que el Gobierno acaba de darle el visto bueno. El combustible brasileño también debe servir para alimentar el reactor de un submarino a propulsión nuclear, en caso de que el presidente Luiz Inacio Lula da Silva autorice su construcción. El programa nuclear brasileño fue lanzado en 1979, con dos objetivos: dominar el ciclo de enriquecimiento de uranio y fabricar un reactor nuclear.




















