Saharauis, los ojos del desierto

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30.7.08

Ecuador-EE.UU.-Latinoamérica.

EL PRESIDENTE CORREA NOTIFICA OFICIALMENTE A WASHINGTON EL FIN DEL ACUERDO DE COOPERACIÓN Y LE INSTA A RETIRAR A SU PERSONAL DE LA BASE AERONAVAL DE MANTA

Ecuador notificó este martes a Estados Unidos su decisión de dar por concluido el acuerdo que permite a militares de ese país el uso de la base de Manta. En un comunicado, la cancillería ecuatoriana dice que el gobierno "notificó de manera oficial a la embajada de los Estados Unidos ... su decisión de dar por concluido el Acuerdo de Cooperación entre el Gobierno de Ecuador y el Gobierno de los Estados Unidos", concerniente al acceso y uso por parte de Washington de las instalaciones de la base de la fuerza aérea ecuatoriana en Manta para actividades antinarcóticos.

El convenio fue suscrito el 12 de noviembre de 1999 y tenía una validez de 10 años. El gobierno de Ecuador informa de que "en conversaciones mantenidas con funcionarios estadounidenses se acordó que las operaciones que se realizan amparadas en el mencionado Acuerdo, terminen en el mes de agosto de 2009; y que culmine el proceso de retiro del personal extranjero de la Base de la Fuerza Aérea Ecuatoriana en Manta en el mes de noviembre de ese mismo año". Y añade que conforme a las estipulaciones del acuerdo "las instalaciones ... serán transferidas a la autoridad correspondiente" de la fuerza aérea de Ecuador.
Una de las promesas del presidente Rafael Correa en su campaña electoral en 2006 fue no renovar este convenio. Además, la Asamblea Constituyente, que ha concluido recientemente sus trabajos, incluyó un artículo en la nueva Constitución, que prohíbe las instalaciones militares extranjeras en suelo ecuatoriano.
El enclave militar estadounidense en Manta es un sitio estratégico con unos 300 soldados y 'contratistas' estadounidensesacantonados en esta base sobre la costa del Pacífico, desde donde patrullan aviones AWACS provistos de radares.
Dependiente del "Southcom", o Comando Sur del ejército de EE.UU., su nombre oficial -Forward Operating Location, FOL- establece la base como "avanzadilla" y punto de partida para las actividades en la región andina.
Una base cuestionada por la población

Las operaciones del Puesto de Avanzada de Operaciones de las fuerzas armadas estadounidenses generaban desconfianza entre muchos dentro y fuera de Ecuador que consideraban que van más allá de la simple lucha antidrogas y que prestan apoyo a la lucha antiguerrillera del gobierno colombiano, principal aliado de los EE.UU en la región.

El actual gobierno ecuatoriano considera que la presencia estadounidense en Manta viola su soberanía. La Asamblea Constituyente dejó clara también su posición, al incluir en la Carta Magna que debe ser sometida a referendum, el siguiente artículo: "El Ecuador es un territorio de paz. No se permite el establecimiento de bases militares extranjeras ni de instalaciones extranjeras con propósitos militares. No se puede ceder bases militares nacionales a fuerzas armadas o de seguridad extranjeras".
Al aprobarse este artículo, la presidenta de la comisión de Soberanía, Relaciones Internacionales e Integración, María Augusta Calle, lo festejó: "Es histórico lo que logramos. Ha sido una lucha contra grandes presiones externas", dijo a El Comercio de Quito.
En Ecuador se piensa que desde la base de Manta EE.UU. colabora con el Plan Colombia.
Para Correa y los aliados de su gobierno, las operaciones estadounidenses en Manta comprometen la soberanía ecuatoriana. La sospecha del gobierno de Ecuador es que la información de inteligencia que utilizaron las fuerzas armadas colombianas que atacaron el campamento del dirigente de las FARC Raúl Reyes en territorio ecuatoriano, llegó de los aviones de la base militar de Manta.


La Base, ampliada en 2001 para el Plan Colombia

En marzo de 2001, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos cerró el aeropuerto local de Manta para iniciar trabajos de renovación por un monto declarado de más de 65 millones de dólares. Oficialmente, el gobierno ecuatotiano del momento dijo que se trataba de adecuar la pista para que la pudieran usar, como una "estación de servicio" varios aviones espías del Pentágono para vigilar los vuelos clandestinos con drogas en los Andes. Pero la sospecha era que Manta se iba a convertir en un bastión de las operaciones encubiertas del Plan Colombia en la implicación de los Estados Unidos en el conflicto colombiano.
"La base representa una provocación y nos involucra en un problema que no es nuestro" decía entonces Antonio Posso, del partido izquierdista Pachakutik. "Estoy de acuerdo en que necesitamos hacer nuestra parte para controlar el tráfico de drogas, pero tememos que la base pueda ser usada contra las guerrillas" añadió.

El acuerdo para la utilización de Manta por Estados Unidos prohibía claramente su uso para actividades ajenas a la vigilancia del tráfico de drogas, pero su firma fue calificada por las FARC de "declaración de guerra".
Los Estados Unidos usaban el aeropuerto de Manta, antes de su remodelación en 2001, para reponer combustible y para el mantenimiento de sus aviones P3 y C130, dotados con sofisticados equipos de vigilancia. Tras ser mejorada y extendida pista comenzaron a usarla los AWACS, más pesados y potentes, y los KC-135, que pueden abastecerlos en vuelo. Además, se construyeron también cuarteles para unos 300 hombres.

Se van los 'gringos' y llega la refinería

Aun no han salido los norteamericanos y ya se prepara en Manta un gran complejo petroquímico con la ayuda venezolana. En una reciente visita, los presidentes Hugo Chávez y Rafael Correa se reunieron en Manta para asistir a la constitución de una empresa binacional que tiene como meta construir una “estratégica” refinería en este punto de la costa del Pacífico.

Este proyecto ya no es táctico, es estratégico … en la construcción de nuestra nueva y grande Patria latinoamericana y sudamericana”, dijo Chávez durante su intervención en la ceremonia celebrada muy cerca del puerto y de la pista del aeropuerto de Manta, donde fondean los buques y se estacionan los aviones de la US Air Force.
El mandatario venezolano resaltó la importancia de la nueva Refinería del Pacífico, que se espera pueda ser inaugurada en el 2013.
Petroecuador y Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) se alían en una empresa que contará con el 51% de participación ecuatoriana y 49% venezolana para construir la Refinería del Pacífico.El complejo está pensado para procesar 300,000 barriles de crudo diarios y según los cálculos oficiales preliminares tendría un costo aproximado de 5,000 millones de dólares, que podría duplicarse si se amplía a una planta petroquímica.

Las autoridades ecuatorianas han resaltado que la nueva refinería permitirá eliminar la importación de derivados que le cuesta al país unos 3,000 millones de dólares anuales. Ecuador cuenta con tres refinerías, la más grande tiene una capacidad de procesamiento de 110,000 barriles de crudo diarios..
Los gobiernos de Quito y Caracas mantienen otros acuerdos energéticos, entre los más importantes, el intercambio de crudo ecuatoriano por derivados venezolanos.

El Parlasur rechaza vuelta de IV Flota a aguas suramericanas


El Parlamento del Mercado Común del Sur (Parlasur) rechaza el regreso de la IV Flota de Estados Unidos a aguas suramericanas al considerar que implicará más inseguridad y la militarización de conflictos en la región.
En una declaración conjunta los diputados del bloque califican la vuelta de la IV Flota de “innecesaria” e “inoportuna” por considerar que Suramérica es una región “pacífica y democrática”, capaz de resolver sus conflictos de forma “negociada" y bajo el principio de “no intervención”.
Señalan que la reactivación de la IV Flota implica “la militarización de conflictos y problemas regionales” y su presencia en mares de la región puede derivar en “una inseguridad hemisférica y comprometer la integración de América del Sur y del propio Mercosur”.
El Parlasur, está integrado por 18 legisladores por cada país miembro del tratado integracionista (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, más Venezuela, en fase de admisión y cuyos representantes tienen voz, pero no voto.)
El pasado 17 de julio también el Parlamento Amazónico (Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guayana, Perú, Surinam y Venezuela) señaló a la IV Flota como “una amenaza a la soberanía” de América Latina.
La IV Flota tiene su base en Mayport, Florida, y fue creada en plena II Guerra Mundial (1943) a fin de proteger las aguas continentales de incursiones de navíos y aeronaves alemanas y japonesas, pero fue disuelta cinco años después de concluida la conflagración.
Su reactivación es interpretada por varios gobiernos latinoamericanos como una amenaza al proceso de cambios que se operan en esta parte del mundo, así como un intento de Washington por aceitar su maquinaria bélica para en su momento apropiarse de los recursos de la región.
Brasil, vincula la decisión norteamericana al reciente hallazgo de grandes reservas de petróleo ante sus costas.
También se relaciona la reactivación de esa maquinaria naval con la política de amenazas de Estados Unidos hacia las revoluciones que tienen lugar en esas y otras naciones y con el proceso de segunda independencia que se opera en la región.
LA IV FLOTA
Por Juan Diego García (Argenpress)

La decisión del gobierno de Estados Unidos de reactivar la IV Flota destinada al control militar del Caribe y del centro y sur del continente ha recibido el rechazo general de los gobiernos locales, a excepción de las autoridades colombianas.
Es apenas natural, por ejemplo, que Venezuela asuma esta decisión como una clara amenaza a su soberanía, al igual que Nicaragua (más le vale no olvidar a William Walker) o Ecuador, cuyas autoridades han decidido retirar a los gringos el uso de la base de Manta. Es igualmente comprensible que el resto de los mandatarios manifiesten su preocupación ante las razones que se alegan desde Washington para justificar la medida. Para cualquiera resulta muy inquietante que la presencias de la IV Flota se presente como instrumento de lucha contra el terrorismo y el narcotráfico cuando por su estructura y funciones resulta poco o nada apropiada para tales fines.
¿Acaso un despliegue militar de tales dimensiones, propio para la guerra convencional sirve para combatir al terrorismo o al tráfico de drogas? ¿Acaso las guerras en Iraq y Afganistán no demuestran que desde el punto de vista militar se requieren por el contrario equipos sofisticados de información, infiltración e inteligencia para los cuales los portaviones, submarinos y demás dispositivos constituyen más bien un estorbo y un gasto inútil y oneroso? (aunque sea el gran negocio del complejo militar-industrial). El conocido refrán advierte que “no se puede cazar moscas a cañonazos” y como los estrategas gringos no son estúpidos ¿cuál es entonces el objetivo que se busca?. La incertidumbre aumenta cuando desde el Pentágono se sugiere que, ya puestos en la tarea de inundar esos mares con un despliegue militar tan impresionante, Washington debería considerar la necesidad de agregar un portaviones atómico.
Aunque Bolivia no tiene acceso al mar (por ahora) es comprensible su oposición no solo como gesto de solidaridad con sus vecinos sino porque sabe que, en la guerra moderna, tales flotas tienen precisamente la función de atacar puntos lejanos desde los portaaviones, con lo cual su insularidad actual no la pone a salvo de posibles agresiones.

Pero la reacción más significativa corresponde a Lula quien ha declarado sin floritura diplomática alguna que la IV Flota tiene un objetivo estratégico claro: controlar el petróleo recientemente descubierto en las costas de su país y que, dadas sus enormes dimensiones, convertirá pronto a Brasil en una de las grandes potencias energéticas del planeta, un detalle que a Estados Unidos no puede pasarle desapercibido.

Si en el pasado existió la llamada “diplomacia de las cañoneras” hoy, en esta época de nuevos colonialismos, nada más indicado que revivir esa vieja práctica imperialista esta vez con la diplomacia de la IV Flota, y preferiblemente con armas atómicas para que nadie abrigue dudas acerca del propósito de “asegurar los intereses nacionales” de los Estados Unidos a cualquier precio. Para no ser menos, lo mismo declara el gobierno francés al dar a la mar una nueva línea de submarinos atómicos: aún con la fuerza nuclear Francia “asegurará sus intereses”.
Algunos quieren ver en esta medida solo una operación de amago, de recordar a estos países quién manda en la región, pero sin que ello tenga mayores repercusiones; otros prefieren aceptar las explicaciones de Washington ignorando o considerando hasta exageradas las duras declaraciones del muy moderado Lula Da Silva, impulsor del recientemente creado Consejo de Seguridad Regional. ¿Constituye este Consejo de Seguridad –solo latinoamericano- una respuesta, por ahora diplomática, a la política imperialista de los Estados Unidos cuya manifestación más reciente ha sido la agresión conjunta con Uribe Vélez a Ecuador? (o ¿alguien duda de la participación directa de los gringos en la agresión?).


Por lo visto resulta poco acertado considerar que los Estados Unidos “ha abandonado la zona dando preferencia a otras áreas” pues los hechos demuestran que los gringos continúan allí, mantienen su poder hegemónico y no han perdido de manera definitiva ninguna batalla en el continente (a Excepción de Cuba, se entiende). La IV Flota no es más que un factor añadido (y no de poca importancia) que viene a completar su estrategia de dominación en la región.
Cosa muy diferente es que tal dominio se vea ahora amenazado en mayor medida que antes por viejas y emergentes potencias mundiales y que los Estados Unidos tengan que admitir desafíos a su dominio en lo que otrora fue su “patio trasero”, además de soportar ciertas manifestaciones de independencia de algunos gobiernos del área. Resulta toda una paradoja que la alegada e incierta “amenaza comunista” de ayer, utilizada de forma sistemática para cometer los peores crímenes (dictaduras, invasiones, asesinatos selectivos, etc.) resurja no ya promoviendo la revolución bolchevique en tierras americanas sino mediante la dura competencia económica que representan Rusia y China, las dos potencias del antiguo campo socialista, ahora disputando exitosamente la influencia de Occidente en la región.

A excepción de Uribe Vélez para todo mundo la IV Flota está lejos de ser un instrumento de paz y seguridad. Por el contrario, solo despierta viejos fantasmas de marines invadiendo países y apoyando dictaduras. En este contexto la Flota no deja de sembrar inquietudes a los gobiernos, especialmente en aquellos que para Washington constituyen un desafío a sus intereses. Si ayer, en la atmósfera de la Guerra Fría “la lucha contra el comunismo” se utilizó para todo tipo de groseras intervenciones, hoy, la acusación será entonces de connivencia con estos “nuevos desafíos” (en opinión de los Estados Unidos). No es una mera coincidencia que el argumento utilizado contra ciertos gobiernos de Latinoamérica para justificar intervenciones directas o solapadas sea precisamente que son propiciadores del “terrorismo y el narcotráfico”.

Washington empezó por Venezuela “descubriendo” células de Al Qeda, supuestamente protegidas por Chávez. Cuando esta mentira de agotó se acusó al país de “tener vínculos con el terrorismo” por sus relaciones con Irán y sus contactos con las FARC (Francia y otros gobiernos europeos hacen ambas cosas; tienen relaciones con Teherán y contactos con la insurgencia colombiana, como no podía ser menos). Ahora, arrecian las denuncias de supuestas facilidades del gobierno de Caracas con el tráfico de narcóticos. No importa que lo desmientan los informes de Naciones Unidas ni que la acusación carezca completamente de pruebas que la respalden. También se “descubrió” una supuesta red de terroristas islámicos en la frontera entre paraguay, Argentina y Brasil, escondidos entre la numerosa colonia árabe del lugar. ¿Existe alguna relación de este “descubrimiento” con la existencia en el área de uno de los mayores acuíferos del planeta?.


No ha sido diferente el caso de Colombia. Washington convierte a su gobernante en un demócrata impoluto y a las guerrillas en simples terroristas y narcotraficantes. No importa que -sin que ocurra cambio alguno- los insurgentes armados hayan sido hasta ayer mismo negociadores aceptables tanto para Bogotá como para Washington (reuniones no tan secretas en Costa Rica); antes eran insurgentes con status político, a la mañana siguiente (según ha convenido en el nuevo escenario) son demonios a destruir. Por añadidura las FARC no solo resultan terroristas y narcotraficantes, son además comunistas irredentos, tres delitos por los cuales merecen en su contra el mayor operativo militar jamás desplegado por el Pentágono en la región (el Plan Colombia) y hasta toda una IV Flota, que protegerá una democracia, la colombiana, que para no ser menos que la chilena (ese otro dechado de tradiciones liberales y republicanas) ya superó con creces a Pinochet en número de ejecutados fuera de combate, desparecidos, exilados, desplazados internos y presos (para no mencionar otras violaciones de derechos humanos).
La flota no es entonces ni un acontecimiento baladí ni algo completamente nuevo o diferente a la práctica habitual de Estados Unidos en esta región. Eso si, como gesto, no deja de poner de relieve el propósito nunca olvidado de dominación gringa, su “destino manifiesto” de hegemonía sobre el continente americano. Es la reiteración de la amenaza, la prepotencia y la intervención; es llevar la atmósfera de la guerra a una región en paz (a excepción de Colombia).
Con una nueva administración en la Casa Blanca, sea ésta demócrata o republicana, nada cambiará sustancialmente. Tampoco cambiará la actitud de los pueblos del sur y del Caribe, en contadas ocasiones interpretados de forma adecuada por algún gobernante digno.

(*)
USS George Washington (CVN 73), portaaviones de la clase Nimitz.
(Fuentes: El Comercio-Quito, Reuters, BBC-Mundo, AP, The Miami Herald, Prensa Latina y Argenpress)

1 comentario:

Cordura dijo...

Un fraude llamado “Obama”

http://lacomunidad.elpais.com/periferia06/posts

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