Saharauis, los ojos del desierto

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30.1.08

Latinoamérica: Mujeres

CINCO MILLONES DE LATINOAMERICANAS SON VÍCTIMAS DEL TRÁFICO DE PERSONAS.

aUnas 800.000 personas caen en redes de trata para su explotación sexual, laboral o la extracción de órganos.
aLos traficantes actúan al amparo de la corrupción de las autoridades en México, Colombia o Argentina.
Latinoamérica es una de las regiones del mundo más afectadas por esta lacra. Un drama colectivo, una verdadera explotación de género que no tiene reflejo, habitualmente, en los grandes medios de comunicación, que mantienen un silencio que los hace cómplices de esta situación.

Según un informe realizado por la Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas, más de cinco millones de mujeres y niñas son víctimas de tráfico de personas en América Latina y el Caribe. Así lo declaró Teresa Ulloa Ziaurriz, directora de la organización, quién, además, agregó, en el marco del foro Experiencias exitosas de atención a víctimas, celebrado recientemente, que más de 500 mil de todos esos casos tienen lugar en México. El tráfico de personas es algo muy poco aireado dentro de la sociedad latinoamericana, pero en todo un drama que azota sobre todo en las zonas más pobres de la región y que afecta entre 600.000 y 800.000 personas víctimas de trata.

De acuerdo a lo establecido durante el foro, en el país azteca las protagonistas de estos secuestros son utilizadas con fines de explotación sexual y laboral, pornografía y tráfico de órganos humanos.
A pesar de que en muchos casos el tráfico de órganos sea considerado una fantasía que se halla en el imaginario de la sociedad, existen hechos comprobados de desapariciones repentinas de hombres y mujeres que luego son convertidos en donantes de órganos ilegales.
No obstante, este entramado mafioso que conjuga prostitución, drogas, venta de órganos y demás tiene como común denominador, según se expuso en el foro organizado por el Instituto Coahuilense de las Mujeres, al poder político y policial, convirtiendo a la trata de personas en la tercera industria ilícita más poderosa del mundo.

Colombia, punto de distribución de la red
Colombia, está considerada por los expertos como el país latinoamericano más utilizado como puerto de tránsito de mujeres secuestradas con fines sexuales de los países vecinos, como Ecuador, Perú y Bolivia.
Durante la "Conferencia Regional Trata de Personas: Teoría y Práctica en la Cooperación Regional e Internacional", realizada en Bogotá y organizada por la Oficina de las Naciones Unidas contra el Delito (UNODC) y la Embajada de Suecia en Colombia, se llegó a la conclusión de que el conflicto interno colombiano contribuye al crecimiento del tráfico de personas.
Sandra Valle, representante regional de la UNODC, destacó que el delito de
tráfico de personas es "el negocio de más rápido crecimiento del crimen organizado, con ingresos de entre 7.000 millones y 12.000 millones de dólares al año".
Si bien las cifras de las que se habla llaman la atención, se debería entender a la cuestión de la “trata de blancas” y del tráfico de personas no sólo desde el punto de vista monetario sino , sobre todo, porque se trata de una clara violación de los derechos humanos. Para entenderlo, basta con escuchar alguno de los crudos testimonios de las personas que son recuperadas luego de años de cautiverio.
Estos delitos transnacionales -ya que en la mayoría de los casos las personas sometidas a los traficantes son llevadas por fuera de las fronteras de sus países de origen- son considerados como crímenes de lesa humanidad por el Protocolo para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, especialmente de niños y mujeres.
Muchos de las individuos obligados a abandonar sus países y llevados a regiones lejanas para ser vendidos como mercancías, son devueltos por los proxenetas en la medida en que dejan de serles útiles. Es así la lógica capitalista la que se impone y que hace que se use a las personas como mera mercancía, en una práctia en la que entra en juego la dignidad y la propia vida de seres humanos.
México, centro de explotación sexual de centroamericanas

La asociación End Child Prostitution, Child Pornography and Trafficking of Children for Sexual Purposes (ECPAT) ha cuantificado en más de 2.000 las centroamericanas, en su gran parte menores de edad, que son obligadas a prostituirse en 1.552 bares y burdeles de Tapachula, México.
La coordinadora subregional sobre Tráfico y Trata de personas de Save the Children-Suecia, Ana Salvadó, asegura que la pobreza, la falta de trabajo o la búsqueda de una vida mejor, son algunas de las causas que exponen a miles de personas a la posibilidad de caer en redes de traficantes.
Éstas jóvenes son vendidas por unos pocos dólares y, tal como lo mostró la revista mexicana Contralínea, las redes mafiosas actúan al amparo de la corrupción de autoridades locales y federales del país azteca.

El Noroeste argentino y el caso de Marita Verón

Algo similar ocurre en Argentina, dónde, sobre todo, el noroeste del país se encuentra repleto de prostíbulos que explotan a las jóvenes recluidas allí en contra de su voluntad y sometidas no sólo a la humillación sexual, sino también a la violencia extrema y al consumo de sustancias tóxicas, para que sean más “serviciales” con el cliente.

Este parece ser el caso conocido públicamente de Marita Verón, una joven tucumana que con sólo 23 años fue raptada y ya lleva 5 años desaparecida. Desde el primer día de su desaparición, sus padres comenzaron una búsqueda incansable hasta llegar a la hipótesis -ya confirmada- de que a su hija se la llevó una red encargada de secuestrar jóvenes para prostituirlas en el noroeste argentino o venderlas a países como España.
Este entramado mafioso fue denunciado por la madre de la chica, Susana Trimarco, quién se infiltró en ese mundo, simulando ser una prostituta, para llegar a la verdad sobre la desaparición forzada de Marita. Desde ese lugar, pudo recuperar a 19 adolescentes que eran obligadas a trabajar vendiendo su cuerpo, luego de haber sido extraídas de sus hogares y de sus vidas cotidianas.
Tal como lo denuncia la página web oficial del Caso Verón, a pesar de que la trata de blancas en el norte argentino es de “conocimiento público, ningún fiscal ha promovido investigación alguna y se guarda riguroso silencio oficial sobre el tema”.
Además, agrega que “cuando un funcionario puso crudamente el tema a la consideración pública, fue echado del Gobierno mientras los regentes de los lupanares eran recibidos en los despachos oficiales para buscar una solución al ´grave problema social´ que implicaba la clausura de los prostíbulos, por dejar a mucha gente sin su fuente de trabajo”.
En este sitio, la familia Verón recibe a diario miles de mensajes de apoyo, de denuncia y de aporte de datos sobre la situación de Marita. Susana Trimarco desde el primer día de la desaparición de su hija no cesó en su esfuerzo por rastrearla y no dudó en poner en peligro su propia vida y sufrió varias amenazas de muerte por parte de los regentes de los prostíbulos denunciados y de los traficantes.
Una de las jóvenes rescatadas por Trimarco de la casa de la regente, Fátima Mansilla, de 16 años, denunció: "Yo dormí a la par de Marita". Otra de las chicas devueltas a su hogar, Andrea Romero (15), declaró que mataron a una de sus compañeras y como castigo pusieron el cadáver acostado a su lado. A su vez, otras jóvenes en la misma situación afirmaron que las obligaban a tomar cocaína y vodka puro antes de estar con los clientes.

Y también en Centroamérica

También en Honduras, existe un caso muy resonante, al igual que el de Verón: el de Jacqueline Jirón, una joven que fue secuestrada y aún no ha sido rescatada. Sin embargo, su familia ha podido rastrear la ruta usada por sus captores para prostituirla en varios países.
Tal como sucedió con Marita, Jacqueline fue llevada al extranjero para ser explotada sexualmente y, continuando con las similitudes entre ambos casos, tanto a Marita como a Jacqueline y a miles de jóvenes que son raptadas le cortaron el cabello y lo tiñeron.
Las mujeres son sometidas a estos cambios físicos para cambiar su fisonomía y no ser reconocidas. A su vez, son obligadas a consumir drogas y alcohol y, en los casos en lo que quedan embarazadas se les practican métodos muy violentos y sumamente peligrosos para hacerlas abortar.
Tanto la madre de Jacqueline como la de Marita pasaron por los lugares dónde fueron llevadas sus hijas para prostituirse. A partir de esa experiencia, la mamá de Jacqueline relató: “Vi cosas que no pensé que existieran. Lo peor, hice cosas que no pensé que haría. Los prostíbulos están llenos de niñas, vendidas por traficantes y abandonadas por sus padres”.
(Fuente: APM-Agencia de pensa del Mercosur)

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